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sábado, 2 de marzo de 2013

Dominar la jerga


“De la perversa la seducción del extravío
preserva el amor a la verdad.”
(II Tesalonicenses 2,10)





Tan incapaz de contrarrestar las posiciones enemigas como de enaltecer las propias, con la imaginación reseca de ideas, las neuronas marchitas y el corazón inerte, el ciudadano medio contempla con total apatía su derrota, sin atisbar en el horizonte el esperanzador estandarte de un nuevo liderazgo que proporcione alternativa al ineficiente, corrompido y endiosado actual, que, tristemente, ya  conoce de manera sobrada.


Los valores y consignas han sido tan extorsionados y desplazados de su primigenio sentido, para lograr acomodarlos a la realidad cambiante y seguir ocultando el dominio que desde siempre ha pesado sobre los dominados, que terminan por significar lo contrario. Allí donde dice “panacea” uno termina por beber arsénico.


Con una velocidad muy próxima a la de la luz, los masivos agujeros negros, uno de los acontecimientos más luminosos que suceden en el centro de las galaxias (también de la nuestra) giran ¿indiferentes? desde el comienzo mismo de los tiempos. Las reses de hoy terminarán por ser los carniceros del mañana.




jueves, 27 de septiembre de 2012

Arrogancia divina

"Y no habrá más diluvios (al menos de aguas)
para destruir la carne. He dicho."
(Génesis 9, 15)
 
"VI VI VI es el valor romano para 6 6 6.com"
(Beato de Liébana, Comentarios al Apocalipsis)



 
Cuando los seres sub-humanos descubrieron que no había “nada” por encima de ellos, capaz de responsabilizarlos por su conducta (pensamientos y –sobre todo- las palabras y actos que de ellos se derivan) se dijeron así mismos, en un arrebato de júbilo: “¡Esto es Jauja! El primero… capador.” O lo que es lo mismo: “El primero crea la Ley… y con ello, el modo y la manera de hacer trampas que más le convenga y que menos se vea”. Nació así Occidente. El mito del hombre-lobo para el hombre-oveja, había pasado del mundo de la emanación sub-humana al reino de la cantidad.


Poco han tardado de convertirse aquel polvo desacralizado en pestilente lodo. El inconfundible hedor del paraíso se respira por doquier, tanto es así, que ya nos hemos acostumbrado. Nada tan normal como el propio interés y la necesidad de hacer coincidir al bien común con aquel. En caso de discrepancia, mejor que se fastidie el segundo… “por mi bien.” Así nos han vendido la moto de los ajustes y reformas necesarias, desde el profundo axioma económico de “Quien parte y reparte…” El primero –Princeps- ¡capador! Esto es, con autoridad suficiente para diseñar el sistema de cómo se llega a príncipe y, por supuesto, cómo NO. Y sobre todo, proteger “manu militari”, cueste lo que cueste, que no se desvirtúe el tinglado. Así fue como nació el próspero negocio del complejo industrial-militar desde Caín. Discreto, pero eficiente, siempre reforzado al amparo de la sombra. Esperando cualquier luz roja de alarma: cambiar lo que haga falta y sea necesario–incluso ejecuciones extrajudiciales- para que todo siga “como debe ser”, como “interesa a DIOS”. Las reglas bajo las que en modo alguno se puede dejar de jugar el obligatorio juego. La “divina” tragicomedia.


Tanto el colapso de la Unión Soviética ¿? como la consecución tecnológica de una Internet de alta velocidad –hoy cotidiana- supusieron una interesante singularidad. Una intensa luz roja. Desde ese momento quedaron para siempre vinculadas degradación y rentabilidad bajo eufemismos como deslocalización, globalización. Así, cuantos menos ingresos se concentren en la base –intentan ahora descubrir cuál es ese mínimo posible (aún no lo saben)- “más” será lo que fluirá a la cumbre. Milagros de las TIC (complejo industrial-militar). Lo innecesario –humans included- sencillamente sobra. Se matará a lo que no se muera por sí solo. Sobran fórmulas para hacerlo (complejo industrial-militar). Sólo hay un salvavidas: ¡consumir!, aunque sea como enfermo solvente. En río ha de fluir esta vez hacia las cumbres. No hay otra.

 
Desde que sabemos que Dios no existe, quién tiene las armas “puede” hacer las veces. Será un dios bien humano quien lidere el NUDO: nuevo universal diluvio obligatorio, con tal de encontrar algún Noé suficientemente dócil, capaz de proteger a las especies y los suyos. El arco iris está próximo, pero no llegará antes de que se desencadene una brutal tormenta. Estamos oyendo el susurro lejano del trueno y apenas se vislumbra algún que otro sutil y tímido resplandor. La tortura precede siempre al pacto. Un pacto bajo el miedo siempre sale rentable a quien tiene la capacidad divina de torturar. ¿Quién pedirá entonces responsabilidades a Dios? Ahora sí que vamos a saber hasta donde llega el verdadero terrorismo divino. Adonay Shebaot es ahora (y siempre) el nombre del complejo industrial-militar, deseando salir de las sombras y entrar en acción: eso sí, bajo las bendiciones de la “Patriot Act”, al servicio de la única causa divina posible. Primero el diluvio. Luego hablamos: “Non sine solis iris”.

 
No habrá paz en la tierra, hasta que se haya primero garantizado la gloria en las cumbres. ¿Alguna contra-oferta? Si quieren ver el Arco, no bastarán ya los paraguas… ¡preparen el Arca!, que desde el cielo tienen preparados “los arcos”… Internet y las TIC’s afines estuvieron, están y estarán (los satélites no se mojan) al servicio de la Bestia. Y ya casi nadie puede comprar ni vender –ni siquiera este humilde bloguero- sin ellas. ¿Reconocen el logotipo? ¿La marca? Ya viene Adonay Shebaot… lo anuncian las trompetas. ¿Alguien creé que se trata de una broma? Dios siempre gana sus guerras (y -se equivocó Montiesquieu-ya tiene a sus tribunales bien comprados).



sábado, 22 de septiembre de 2012

En perspectiva


“Entremos, pues, en materia.”
(Andrónico de Rodas, notas a las ponencias magistrales del Liceo)
 
“No le importa demasiado el cómo
a quien posee el tesoro del por qué.”
(Friedrich Nietzsche)

 

 

 

Somos el mundo, solo que desde otra perspectiva. Lo que parece haber ahí fuera no es sino otro de los múltiples y variopintos rostros que adopta nuestra mirada. Lo real es pues el “ángulo” adoptado por quién, en un preciso aquí y ahora, se siente preparado para ser observador “sin ser visto”. Lo que se esconde tras la experiencia de medida y observación que es de todo, menos imparcial o aséptica mirada. Es creación.
 
En todo acto creador –mirada- se precisa siempre el concurso de cuatro causas, aunque. de un tiempo a esta parte, andemos demasiado obsesionados por la menor de ellas, la causa material, menospreciando así el valor de la atención (causa formal), de la intención (causa final) y de la voluntad sostenida con esfuerzo (causa eficiente). La civilización occidental a elegido ser miserable en estas tres últimas, con tal de asegurarse así la primera. De ahí que ha hecho de su colapso destino, perseverancia ausente de vigilia.
 
Nuestro mundo actual, deslumbrado así por la inercia tecnológica, desconoce aún que ya está muerto y bien muerto. Occidente, máquina errante, Santa Compaña de estados en minúscula, ya sin rumbo que, aún no lo sabe, murió el mismo día en que perdió su por qué. Es lo que tienen los procesos que, aún ensoberbecidos y mal que les pese, son incapaces de prescindir de sus causas. Terminan así convertidos en zombis que, ya sin intestino ni estómago, acaban en TOC devorándose los unos a los otros. Un indigerible sinsentido ¡Qué falta de proto-kolon!
 
 
 
 

jueves, 30 de agosto de 2012

Murmullo lejano


“Y verás las montañas,
que tan firmes parecen ahora,
pasar como pasan las nubes.”
(Qurân 27, 88)

 

 

 

La aflicción y desesperación que caracterizan al hombre del nuevo milenio ha venido como consecuencia de haber disfrazado bajo el espejismo tecnológico la realidad, y haberse olvidado del truco, para confundir así disfraz con piel. Su obstinada soberbia le ha hecho perder consciencia del ardid en el que su esencia tuvo origen: la ilusión de separación que facilitaría no sólo el deseo del reencuentro sino, también, su posibilidad, en el conocimiento de sí mismo.

 

Acabamos así confundiendo lo que es con lo que nos parece, incapaces de ir más allá de la burda estadística fenomenológica y otorgamos plenos poderes a lo que no es sino vano delirio. La ilusión de la realidad no destruye la realidad, aunque sí para nosotros. Nos creemos así destructores y constructores, destruidos y construidos por nuestra falsa percepción del mundo, nuestro autoengaño, nuestra autosugestión.

 

La humanidad adolece de ser forma sin contenido, rutina vacía, automatismo vital, desvarío colectivo sin rumbo, agitación sin causa ni fin alguno, infinita sucesión de tópicos y modas que se renuevan conforme se desgastan, como las sombras. Bien mirado, en el fondo, nadie es inocente de su propio desprestigio. Así, lo que un día fue llamado ser humano, ya sólo es un zombi tecnológico tan patético como desvirtuado, ajeno incluso a su propia muerte.




sábado, 9 de junio de 2012

Brick revenge

"¿Han dejado ya de chillar
los corderos, Clarice?"
(Hannibal Lecter, Silence of lambs)





El lobo ha llegado. Los pobres "cerdidos" no caben en su asombro. Ellos que se creían protegidos al fin por el labrillo, han sucumbido a su traición. El guionista del cuento, lo creamos o no, era el mismo lobo, el único superviviente para contar la historia a su manera, que es la ventaja que siempre les corresponde tener siempre a los "necesarios ganadores". South Europe is burning. Las crecientes llamas chamuscan a Italia. Huele a Euro quemado... 

A las finanzas anglosajonas siempre les ha gustado exprimir su talento creando toda una serie de acrónimos peyorativos para etiquetar las economias del sur de Europa. Como el de PIGS se les quedó corto, dado que el 28 de noviembre de 2010 hubo que intervenir también a Irlanda, y se necesita otra "i" para Italia, han realizado un mortal neuronal, y ahora trabajan con GIPSY.




La agenda va acelerada, conforme a lo acordado. A los del Bildelberg Club no les gustan las sorpresas ni dejar cabos sueltos. Por más que a Rajoy le pese liderar un país de 3ª regional, al final ha tenido que dar su brazo a torcer y reconocer que la piel de toro necesita ser rescatada. No lo vamos a notar en exceso ya que nuestro ínclito presidente "democráticamente" soberano, siempre fue muy bien mandao y le gustó toda la vida tener "bien hechos" los deberes. No se espera menos de quien aspire a llevar una vida de provecho. Ya que no le dejarán conducir este concurso amañado, por lo menos le queda la honrilla de seguir como leal figurante.

No se dejen engañar por el señuelo del vértigo económico. Los problemas tienen un calado mucho mayor que el financiero. La cosa está empezando. Prepárense los "gitanitos" para saber lo que le conviene al país, por su bien. Welcome, mister NWO, os recibimos con alegría. HiTechnocracy has come. Bye, bye, humanity. Once upon a time in Old-Spain...



Salió rana la rana. Pero no todo es malo. Arriba los corazones. ¡Por fin vamos a saber sin medias tintas y de primera mano, el plan previsto hace décadas por los lobos expertos para salvar a nuestro "manirroto" rebaño: "Si es que no se os puede dejar criar lana sólas." Me gustaría seguir escribiendo este post, pero he quedado con mi amigo Etienne Davignon, y la cena promete. No se si podré soportar el suspense de saber con que caldo acompañará esta noche al lechazo. Es tan previsible: ¡siempre me sorprende!

De algo sí estoy seguro, no habrá crema Chantilly. Hay un traidor en el Grupo.



viernes, 11 de mayo de 2012

Dios tahur

"Con aquellos que Lo conocen,
habrás de juntarte."
(Maimónides, Guía para perplejos VI, 2)

"¿Alguna vez me diras: -Ya basta. Si me amas, ya basta-...?
Ni en cien siglos."
(Thomas Harris, Hannibal)





Estoy sentado a última hora de la noche, arropado en la protectora quietud del salón familiar, rodeado de los libros que más amo y aún pude salvar del exilio, escritos por grandes maestros de la humanidad.

Todos los que tanto por nacimiento como por educación podemos llegar a ser considerados occidentales, por más que incursionemos en los más variopintos exotismos del afan reflexivo oriental, estamos condenados a permanecer de por vida en tal esquema de condicionamiento cultural, sin poder escapar de él. Somos y seremos para siempre occidentales.

Esta incapacidad para escapar de esta peculiar manera occidental de entender el mundo en modo alguno debe ser entendida como una prisión, sino, más bien, como el don de poseer ciertos talentos y capacidades que, al igual que los brazos y las piernas, la boca, los dientes y el cerebro humano, pueden ser utilizados -por extraño que parezca- de manera muy constructiva. Ello implica recuperar un occidente que hemos perdido hasta tal punto, que ahora nos parece irreconocible e, incluso, equivocadamente oriental. Hemos olvidado y, por ende perdido, nuestra identidad. Por muy increíble que resulte, nos hemos extraviado tan completamente de nosotros mismos, que hemos logrado identificar erróneamente términos tan contrapuestos como "moderno" y "occidental". Y para comprar semejante falacia semántica no nos ha quedado otro remedio que el de vendernos e hipotecar el Alma. Deuda ilegítima.





Occidente ha ido demasiado lejos. El sistema se hundirá por sí mismo. La única libertad que ofrece, ya casi de un modo prácticamente obligatorio, es la de perderte como ser humano. Hará todo lo posible para que seas incapaz de desarrollar tus propias ideas o siquiera volver a reconectar con lo mejor del pasado. Es una apisonadora deshumanizada que trata, con todos los ingentes medios a su alcance, de erradicar todo vestigio humano, allá donde lo encuentre, de modo que termine siendo –en cualquiera de las infinitas posibilidades que se te pasen por la cabeza- irrelevante. Todo lo humano debe ser arrojado al más absoluto obstracismo, esto es, debe ser descartado siquiera como posibilidad. Lo humano es lastre. Hemos creado un mundo donde volver a ser humanos resulte de todo punto algo imposible. No se puede luchar contra ello. Adaptarte significa “deshumanizarte” o, de lo contrario, la única opción es resignarte a desaparecer.


Cuando uno se adentra por las sinuosas, angostas y oscuras callejuelas del laberinto de cualquier medina (aún, exiguamente, todavía y a su pesar) oriental, como Fez, no es inmediatamente consciente de que dentro de ella se encuentra otra ciudad soñada, mucho más blanca y luminosa, cuyos umbrales no resultan nada fáciles de encontrar y, mucho menos, traspasar, ya que en modo alguno resultan evidentes. Así, para arribar al Cielo es necesario adentrarse en en el inframundo, “descender” y “explorar” el  interior.




Cuando se acaba por reconocer y asumir de manera existencial la polaridad de la vida, uno debe admitir la relatividad emocional de aquellos sentimientos que suscita en nosotros todas aquellas modalidades de mal que habitualmente vemos y siempre condenamos en los otros, al saber entenderlas y reconocerlas también como esencialmente nuestras.

La potencialidad al mal absoluto nos pertenece, reside agazapada en cada uno de nosotros. Lo oscuro forma parte esencial de nuestra verdadera naturaleza. Sólo la comprensión de este hecho será capaz de mitigar en nosotros el acto irracional, la admisión de cualquier nueva clase de chivo expiatorio, cabeza de turco o Guantanamo’s Torture Resort presente o futuro.

Es necesario que seamos capaces de admitir, aceptar y comprender el mal que reside en cada uno de nosotros, sin necesidad de verlo o considerarlo como un enemigo. También somos ese mal. Como bien nos enseñó a discernir el gran Carl Gustav Jung, la sombra constituye una parte inexpugnable de lo que verdaderamente somos. Una persona integra no es aquella que excluye de sí el sentimiento de culpa, la ansiedad, que no tiene miedo, sino la que de un modo real experimenta todas esas emociones sin llegar a recriminarse a sí mismo.



Bien mirado, el abono constituye el primer aroma de la más fragante de las rosas. Jung lo vio y lo aceptó:

“La gente olvida que incluso los más reputados entre los psicoterapeutas tienen ciertos escrúpulos morales, y que las confesiones de ciertos pacientes resultan muy duras y difíciles de aceptar. Pero no encontraremos ningún paciente que se sienta plénamente aceptado hasta que no se acepte lo peor que hay en él.”[1]

Es así como interpreto  -en cuanto aprendiz de psicólogo- el directo consejo que aparece en el evangelio de “No juzgueis”. Quien pretenda osar guiar a otro o simplemente acompañarle un paso en el camino habrá necesariamente de sintonizar con su Alma, y ello no será posible desde la falta de aceptación profunda, reflexiva y total que merece cada ser humano, de aquello que le hace sufrir, del enigma que guarda su vida.

Si hemos de atenernos a los hechos, tomaremos clara conciencia de que Dios consiente que tengan lugar toda clase de sucesos inconcebibles, y busca entrar en los corazones de sus creaturas para mirarse en ellos de las maneras más curiosas. Nuestra habilidad entonces consistirá en saber reconocer por doquier los signos inequívocos de la picardía de su invisible voluntad.





Poseídos –en modo algun poseedores- y arrebatados por lo real, nuestra vida es un vagar permanente, dejándonos sorprender por la novedades que se agazapan tras cada instante, sin garantía de avance, sin nada a lo que aferrarse más que a la impermanencia, el perpetuo cambio, la inagotable certidumbre de la incertidumbre, el desafío de la propia vida entendida como abismo personal e instransferible. Vivir es asomarse a lo que no tiene fondo, lo insondable, lo escurridizo, dejarse fascinar por magia de ser un mero y caduco existir.

Sin respuesta, sin consuelo, sin esperanza. Vivir es sobre todo vivirse, caminar a ciegas, tantear el oasis de lo real entre un interminable y frustrante desierto de infinitos sucedáneos. Descubrir al fin que lo que llamábamos “vida” sólo era espejismo. Sólo entonces desaparece toda forma –densa o sutil- de idolatría, sólo entonces cobra sentido “el total abandono” y, de alguna manera que no entiendes, comienzas a entenderlo todo. Un Dios taur, más misericordioso que inquietante, que simplemente ocurre.





[1] Conferencia en Lausana, 1913