Mostrando entradas con la etiqueta prospectiva. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta prospectiva. Mostrar todas las entradas

martes, 9 de julio de 2013

Mantis

“Inalcanzable para el débil, temible para el pusilánime,
prometedor para el héroe, muchos son los nombres del destino.”
(Virgilio)

“No se entretiene en juzgar el pasado
quien se ocupa en diseñar y construir el futuro.”
(Friedrich Nietzsche, Aurora)





Paradojas del arte falsario, en nuestros días presumimos más de conocer las cosas futuras que, irreconocibles tras la pericia del amaño histórico, las pasadas. Las que de todo punto han de permanecer ocultas, gracias al imperio de la distracción y el entretenimiento ovinos, son las presentes. Que nunca han gustado, ni el lobo ni el carnicero que contrata al pastor, desvelar ni el tiempo ni el modo en que harán efectivos sus intereses, cobrando al rebaño la justa deuda de su apacentamiento y manutención. ¡Qué tiempos aquellos en los que la profecía respondía a la nostalgia de un conocimiento, no del porvenir, sino del designio de Dios!

Ahora que el orden tecnocrático nos mantiene alejados del sagrado sistema operativo e interfiere toda posible conexión ajena a sus intereses pecuniarios, el furor mántico quedó reducido a la sorda reclamación del consumidor por el descontento del servicio. Quedaron bien desfasados los trances y éxtasis oraculares, los delirios proféticos y la onírica premonitoria de antaño, por los servicios de telefonía y televisión inmediata de los pintorescos nabí de nuestros días, tan populares y famosos como ridiculizados. La prospectiva científica, por su parte, está mucho menos pendiente de los riesgos planetarios que de volcar su cuantificable saber profético en detectar las tecnologías emergentes que habrán de garantizar a las potencias imperiales su hegemonía económica por la buenas o, llegado el caso, diseñar el futuro a golpe de drones y primaveras, por las malas.

Ahora que sabemos que las democracias afines al régimen no se improvisan, los future issues y el foresight se han convertido en un asunto de elevado interés estratégico legal y profesional. Hoy, como ayer, los futuros no ya posibles sino preferibles están manos del control de la divina aunque menos caprichosa probabilidad. Como ocurre en el póquer,  los codiciados comodines, también llamadas cartas salvajes (wildcards), siendo altamente improbables, tienen un impacto decisivo el la buena marcha financiera de la partida. Sólo los mejores jugadores tienen preparada el alma para afrontar heroicamente los vaivenes de incertidumbres y riesgos. Hoy como ayer, tienes el deber de salir del útero protector que ahora te sirve de carcasa y dar respuesta a la misma eterna y crucial pregunta: “¿Qué espera de mí el futuro?”




Prognosis

“Como el lituus encarcela a los treinta dioses,
así muestra el jecur los secretos designios del cielo.”
(Aule Lecu)




Pese al esfuerzo de la historiografía oficial por mantener este suceso despreciado en el más absoluto de los silencios, 186 años antes de la era común, un maestro arúspice griego, desconocido e itinerante, introdujo en Etruria la práctica secreta de ciertos ritos nocturnos que buscaban, con idéntica clandestinidad que en nuestros días, poner en peligro los intereses de la aristocracia. De su oscura escuela provienen nombres tan prestigiosos en el arte prospectivo como los de Aristón de Tesalia, Cleofonte de Corinto, Dionisio de Cartago, Nicias de Caristo, Polícrates de Tasos o Timóxeno de Corcira. ¿Qué saberes ocultan pronósticos, augurios y oráculos, capaces de poner en peligro el tremendo poder que cabe suponer a todo un Estado?




La actual simulación computacional de nuestros superordenadores, vástagos de la secreta inteligencia artificial y del diseño de sistemas expertos, pretende interrogar y aventurar, mediante modelos e indicadores, el enigma del futuro, desde motivaciones no siempre obvias. Desde el origen de los tiempos de los post-neandertales, la vida adivinatoria, sujeta siempre a las limitaciones del incierto potencial humano, presenta idénticas vicisitudes y necesidades, examinar los restos de aquello que hubo de ser sacrificado en el ara. Perdido el saber que hacía efectiva la disciplina etrusca, el “Colegio Oficial” vendido al imperio, fue incapaz de detener su caída. Ahora que somos capaces de generar hígados a medida a partir de células madre, no somos capaces de desentrañar las sombras que nos atenazan en el elocuente mapa de la sangre. Pese a conservar el lituus, sin duda el progreso mutiló a los modernos escrutadores sus preciosas alas. Al menos, ahora nos queda siempre el acicate y el consuelo de disfrutar la "segura" sorpresa y tener así garantizado, manu militari, el incierto futuro.