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sábado, 29 de junio de 2013

Pardesh

“No odiéis ni deseéis nada:
éste no es vuestro mundo, extranjeros.”
(Basilides)




La brutal maniobra distractora que asedia por doquier el corazón humano con un sinfín de aterradores miedos y la promesa de los más variopintos placeres, no ha sido capaz empero de lograr acallar, allende milenios y siglos, el estremecimiento metafísico que, de cuando en cuando, sacude misteriosa e ineludiblemente el alma de ciertos seres humanos. Allí donde y cuando el Espíritu sopla, caprichoso, nada ni nadie puede acallar su llamada, poderosa fuerza dinamizadora de aquello que es, por encima del afán de tronos, potestades y dominaciones, esencialmente humano: la fascinación de la carne y la sangre por lo sagrado.


Espíritu, siempre tan libre y liberador que, gracias a Dios, se resiste y resistirá a ser monopolizado por ninguna de las cientos de miles de religiones curiales u obediencias pasadas, presentes y aquellas otras que aún nos están por sobrevenir. Experiencia transhumana plena y gratuita que, venciendo cualquier tipo de abusos, cercos, límites, métodos, esquemas, banderas, barreras, leyes y fronteras neo-inquisitoriales, aún nos refina, cualifica y hermana en el más puro conocimiento de la verdad. Pese a quien pese (dioses), caiga quien caiga (tronos, torres y autoengaños), eterno paráclito y creador, ven (si quieres, claro) e infunde en nuestra alma permanente virtud.




miércoles, 22 de mayo de 2013

Sacra disidencia

"Quien mira desde su interior
sabe que todo es nuevo."
(Paracelso)

“Llega un día, sin que haya marcha atrás posible,
en que descubrimos que (lo que creímos) 
nuestras mezquinas vidas subjetivas 
no pertenecen sino a una nueva actualización 
aquí y ahora de lo universal.”
(Carl Gustav Jung)




Intentar conocer el enigma de cualquier ser humano, no desde aquello que aparentemente está siendo, sino en función de lo que puede llegar a ser, constituye el reto que supone un acercamiento metapsíquico focalizado en los pormenores del devenir experiencial y ontológico de lo sagrado, allí donde la sospecha siempre rinde más réditos que la evidencia. Desde las instituciones religiosas y políticas se promueve una espiritualidad espuria y anquilosada, con el fin de evitar por cualquier medio que las personas experimenten –o promover activamente su total alejamiento de- lo verdaderamente sagrado.


Nadie ha de constatar en sus propias carnes, por el bien del orden constituido, que porta en si un poder creador autónomo del que no es consciente y cuyo contacto con él podría transformarlo y liberarlo. Nada más potencialmente peligroso para disolver las rígidas estructuras del stablishment social, más revolucionario y más efectivamente anti sistema que la “mirada interior”. Se ha de impedir a toda costa que aquello que duerme en nuestra inconsciencia, nuestro mito personal, tome la palabra y cobre vida, desenmascarando así el endeble delirio subjetivo cotidiano.


Toda vez que sintonizamos con lo sagrado inconsciente en nosotros, cobramos mayor consciencia del mundo, del prójimo y de la trascendencia de nuestra ocasión vital. Una vez que hemos descubierto que la nuestra es una aventura espiritual, tan ineludible como intransferible, todo adquiere, al fin, sentido. Nuestra vida se convierte así en una respuesta inequívoca a tan profunda llamada.