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martes, 8 de octubre de 2013

Disfraz


“El ser humano sólo es dueño de sí mismo
en la medida en que ya no se pertenece.”
(Moisés de León)
 
“Sólo podemos encontrar palabras para verter aquello
que ya está muerto en nuestros corazones.”
(Harold Bloom)

 

 
 
Quiere el diseño de la civilización que los más se distraigan dedicando sus esfuerzos a aliviar sus sufrimientos y evitar el dolor, mientras los menos se procuran placer, generándolos. Para ello es necesario mantener el desprestigio más absoluto sobre las vías de conocimiento y acceso directo a la fuente de este poder, y conseguir así ocultarlas a la curiosidad del grueso desfavorecido. Astrología, Geometría, Numerología y Música son las ciencias sagradas que, debidamente utilizadas, consiguen canalizar tan desigual reparto de fuerzas, solve inferius et coagula superius, impidiendo así materializar cualquier esfuerzo de crear un acceso profano “desde abajo”, Torre de Babel truncada por el rayo, que consiga abrir las puertas del Templo, establezca y una, de forma mucho más equitativa, el umbral común entre ambos mundos.
 

Son tan escasos los descubrimientos que terminan por ser significativas e indelebles certezas que uno siempre duda de si compensa el notable esfuerzo de escrutinio vital realizado entre azarosos libros, relaciones y vivencias. Son preciosas aquellas ocasiones en que encontramos aquellas palabras dirigidas especialmente a nosotros, en el momento particular vital que nos toque atravesar, que nos confrontan, nos retan y nos conmueven el alma. Y no digamos ya toparse con un corazón gemelo o una súbita inspiración crucial, de modo imprevisto e insospechado. Cuando eso sucede, no solemos hablar de ello, y cubrimos los límites de esa región íntima mediante un cerco sagrado de elocuente silencio. ¿Para qué rebuscar palabras, molestarse en fingir, simular, engañar y ocultar… cuando es suficiente con callarse? ¿Por qué conformarse con agrietados crisoles, con atanores alquilados y alquímicos sucedáneos? ¿Cómo salirse del cerco distractor trazado y seguir aún con vida? Tras el mejor disfraz.
 


viernes, 14 de diciembre de 2012

El décimo tercer baktum


“Las aves comieron la semilla junto al camino.
El sol quemó la que, sin raíz, cayó en pedregales.
Ahogada la que pereció entre espinos.
Cuál a ciento, cuál a sesenta, cuál a treinta por uno…
fructificó la germinada en buena tierra.”
(Apócrifo de Tomás)
 
“Nada más poderoso que una semilla
cuyo tiempo de fructificar ha llegado.”
(Víctor Hugo)
 
 

 

Nada descansa. Todo se mueve, vibra. El reposo sólo es un estado puntual, aparente. Montado a lomos de un ego dócil, se atraviesa el umbral de la Jerusalén Celestial, para morir y renacer a la Intimidad, cual sol invicto. Quién puso límite a la luz ¿a qué velocidad “piensas” tú que viajará su semilla? ¿Dónde caerá? ¿Qué poderosos frutos dará?

 
No hay otra, por más que le pese a la Troika. A ver cómo le sienta a ella la amarga medicina del shock, el tiro por la culata: ajenjo. Maslow habló de necesidades y de jerarquía. Ensoberbecidos, no supieron entender ninguna de ellas. Como tampoco la alquimia de la resiliencia, que nos troca en “buena tierra”. Feliz renacimiento a lo transpersonal. In shâ’a Al-lâh.