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sábado, 5 de octubre de 2013

Cántaro roto

“La cuestión más relevante,
en la vida de todo ser humano,
consiste en el modo en que se relaciona
con lo infinito.”
(Carl Gustav Jung)
 
“Ve a tu pecho, llama
y pregúntale a tu corazón:
¿qué sabes, qué sabes?”
(William Shakespeare)

 
 

El hecho indubitable de que creamos tener un problema no significa en modo alguno que el problema exista. En modo alguno, insisto. A lo sumo, el problema consiste en aceptar (dar por cierta la creencia errónea de) que usted es un algo, un alguien, separado de su Fuente. Error. Hay que tener mucho cuidado con esa clase de pensamientos, y con cualquier otra clase de pensamientos, con los pensamientos mismos, ya que cada uno de ellos, por pequeño e inofensivo que parezca, puede preceder a una acción que termine por crear (condicionar) la prisión de su realidad. No pasa nada hasta que algo se mueve. Piénselo. O mejor aún, no lo piense. Tranquilidad, pues, a Dios gracias, muy por encima de la soberbia especialista, la Fuente sabe bien lo que se hace.


domingo, 15 de septiembre de 2013

Superbia


 


"El prestigio (temor) ciudadano
es el oxígeno de cualquier Estado."
(Nicolás de Maquiavelo)
 
"Hoy la historia se vive sólo con los ojos,
y ya no existe una verdad que no se revele con una imagen."
(Manuel Vicent)





El viaje de Abraham es la crónica simbólica del periplo de todo ser humano en la búsqueda de sí mismo. Hace once mil años, los cazadores-recolectores del Neolítico encontraron "entre ríos" una gran llanura fértil en la que cómodamente poder asentarse. Aprendieron a secar, salar y prolongar la duración nutritiva de lo cazado. Descubrieron el poder oculto en la semilla y el modo de domesticarlo. No cabe mayor paraiso que el de la abundancia.

La inteligencia que se sabe creada por una Inteligencia creadora, no puede dejar de encontrar los mejores modos (diferentes) de honrarla, en un primer término en arameo, la lengua de Abraham y la de Jesús. La soberbia inteligencia que así desprecia su origen, y se arroga ser centro, ya ha sido arrojada del Edén antes de ser arrojada. Aquel que pretende llegar a ser como Dios no es sino porque desconoce que ya es uno en Él. La serpiente sabe que ha olvidado.

Separar aquello que en origen no está sino unitariamente confundido fue el Origen, el trágico nacer de la soberbia inteligencia, esto es, de la destructiva ignorancia. Si la envidia y la ira son el germen tóxico del humano extravío, ¿dónde encontrar un íntimo sendero de vuelta?
 
 
 

miércoles, 19 de junio de 2013

Delirio disidente

“El deseo prometeico de suplantar a Dios
es totalmente inherente al ser humano.”
(Jean Paul Sartre)




En mayor o menor grado, todo ser humano siente un cierto grado de fascinación hacia el sistema operativo en el que se haya inscrito y del que él/ella mismo/a forma parte reguladora. Su esencia creadora le insta a observar un orden que, por natural, presume divino, mediante un distanciamiento reflexivo que le permita (la posibilidad) de hackear al mismo Dios. Tratar de adueñarse así de su propio misterio, reconstruir su propio código, ampliar los límites del tiempo (inmortalidad), del espacio (ubicuidad) y del sentido (autoconocimiento). Cumplir el ansiado deseo de la auto-re-programación divina en nosotros, que termine por burlar el abismo de la disolución a la que necesariamente parecemos abocados como creaturas. Volver a la usurpada condición paradisiaca a golpe de tecnología (fisio, bió, info). Dios debe haber dejado las contraseñas de acceso a sus secretos por alguna parte.




Poco a poco hemos ido empleando el tiempo que hurtábamos a sudar el pan, a encontrar el modo de que (primero) lo suden otros por nosotros y (segundo) que lo suden las máquinas, suplantando la “condena natural” por la “liberación técnica”. Hemos suplantado, orgullosos, al tecnócrata máximo, el supremo artífice del universo. Hemos desvelado la trama y urdimbre que celosamente protegía el demiurgo en su afán por garantizar nuestro dócil (sudoroso) sometimiento a la supervivencia. Ello explica la proliferación de puestos de mercadillo que gritan a los cuatro vientos “compro y vendo oro”. La pericia alquímica se adquiere en talleres de fin de semana. En cada pequeño gesto, creamos –doméstico y cotidiano big-bang- de nuevo el universo, una y otra vez, el universo. Bien mirado, prodigiosos poderes se ocultan en la eternamente tuneada soberbia de la manzana.



lunes, 7 de enero de 2013

Alberca invernal


"Precipitado en sus juicios
clama el ignorante por males
que entiende bienes."
(Qurân 17,11)






Una obra de Arte es aquella que tras ser vivenciada, contemplada, escuchada o leída con suma atención, nos transforma, de modo que ya nunca volvemos a ser los de antes. No siempre adopta una forma física tangible. A veces basta un instante, un gesto, una mirada, tan sólo un encuentro fortuito, pasajero y efímero, un furtivo rayo de luz, una caricia, el roce del viento, una risa lejana que conmueve nuestra alma y nos entrega una nueva mirada tras la que todo cambia irremediablemente.



La conciencia de la Presencia, de la divina inmanencia en nosotros, nos vuelve seres muy cuidadosos, llamados a pensar, hablar (escribir) y comportarnos como quién camina por un denso zarzal con su mejor ropa. Plena consciencia a quién se halle en plenitud de la Presencia. La soberanía radica en el auto dominio de la propia existencia, desde la certeza: “Quien se conoce a sí mismo, conoce a Su Señor.”




martes, 1 de enero de 2013

Soberbia y entrega


“Sólo quienes amaestran su alma,
mañana, tarde y noche sin descanso
habrán de cobrar la egoica presa.”
(Ibn Ayiba, Sarh al-Hikam)
 

 

 
 

No puede haber alegría allí donde impone su dominio la soberbia ciega. La alegría nace del que ve el destino previsto a su alma y precede a su dócil entrega. El alma no actúa más que cuando se somete, frente a los espejismos egoicos que simulan llevar las riendas. Quien conoce su mal desde ese mismo momento lo extingue porque se extingue. La soberbia impera allí donde quién dice conocer su mal sólo finge hacerlo. Bienaventurados los alegres, que conocen la fuente de su alegría.