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sábado, 8 de junio de 2013

Corazón ardiente

“Atardece.”
(Lucas 24,29)




No hay amor en la posesión. Si en la soledad, en el silencio, en el abandono, en la reclusión, en la cercanía de la última hora del día, en los últimos instantes de una vida, allí donde huérfanos del espíritu y prestos a sumirnos en el frío de la tiniebla, dócilmente todo se abandona. Momento mágico que, nada más atraparlo, en juguetona dialéctica desaparece, haciendo temblar al héroe.


Cielo raso en el atardecer del páramo infinito que nos invita a trascender el interno bullicio cotidiano, en un tenue esfuerzo de centramiento que no es sino oración. Lo demás, obrar como los demás cuando parece necesario, hacer cuanto y cuando los otros no se atreven, comprometerse, escribir… soberbia. “¿No ardía nuestro corazón, como resolana debajo la piel?”



domingo, 23 de diciembre de 2012

No sabéis cuánto


“Goza del día misericordioso,
reflexiona en el adverso.
El Eterno opuso ambos, uno a otro,
para que nada se encontrara tras Él”
(Eclesiastés 7, 14)
 
“El ciego deambula
satisfecho de cuanto en su provecho hace.”
(Qurân 27, 4)

 

 
 
A los que sellaron su corazón a la verdad, prefiriendo lo superfluo a lo necesario. A cuantos, aferrados al cuerpo que habrían de abandonar, tiraron la toalla ante la mínima incomodidad. A los que olvidaron recordar y recordaron olvidar. A aquellos que se esclavizaron a llevar las riendas en lugar de liberarse de ellas, y a los que se ataron a los impulsos y a los sentidos. A todos los turistas de GPS, tan interesados en la cantidad como aburridos en la calidad. A los modernos ridículamente disfrazados de postmodernos y tan a la moda. Os amo a la antigua, no sabéis cuánto. Feliz buena noche y navideño amanecer.
 
 
 

lunes, 5 de noviembre de 2012

Egocentramiento


“Impregnado,
como lana en la lluvia.”
(Ibn Arabí)

"Allí donde esté tu pensamiento
es precisamente donde tú estás,
todo tu ser está allí,"
(Israel Ben Eliezer)

 

 
Para vivir una vida plena, en primer lugar necesitamos someter la mirada que se haya totalmente atrapada en el ego, dejar lugar, espacio.


En el equilibrio reside la clave de la adecuada rectificación, la supresión de la auto importancia desmedida que nos desequilibra e incapacita para alcanzar la plenitud y, desde ella, la apertura del corazón que hace posible la relación, la entrega íntima.

 

La soledad nos ata, nos hunde y nos ciega. Es necesario salir de nosotros mismos, reconocer y reconocernos como uno en el otro. Anquilosados en el ego no somos nada pese a creernos el todo. Enfermamos.

 
La búsqueda del equilibrio es una tarea clave en un momento clave, allí donde la humildad nos permite reconocer que nada de lo que recibimos nos pertenece. Que somos abundantes, precisamente en la medida que no somos. Recuenta, que ha llegado el momento del repaso final. En la inminencia de prueba, haz camino. Mejor aún, danza, de manera que tu vida dé los frutos esenciales esperados.