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domingo, 13 de octubre de 2013

Sombras otoñales

“Ni astros, ni infiernos.
Todo es producido por
el Espíritu en nosotros.”
(Paracelso)

“Todo vencedor se sabe fraude.”
(Alejandro Magno)





¿Cuánto dura un sueño? En realidad, siempre que hay vocación real, no hay prisión que valga. ¿Cómo conseguiste si no guardar y resumir todos tus años pasados, el tapiz de toda una vida, en la estrechez de este mínimo y fugaz instante? Quizá tu fuiste el único tejedor de la red ensueños que hoy te aprisiona. Nadie sino tú sembró este sufrimiento -que ahora te atenaza- en ti. Tuya fue la firme decisión de abandonarte al sortilegio y servidumbre de una nueva pócima. ¿Quién si no tú eligió y adoptó el disfraz que ahora llamas deteriorado cuerpo?

¿Cabe mayor misericordia que la de regalarte un nuevo comienzo, una vida sin pasado ni futuro, una octava más alta, tras el equinoccio de cada instante? ¿Cómo explicarles nada de esto a los que labran la tierra con la mirada gacha? De despertar en despertar, no habrá ningún tirano pensamiento que pueda debilitarte. Hojas marchitas, incapaces ya de lastrar la radical labor de la otoñal savia, toda vez que fue descubierta su naturaleza. Despertado el genio de su sueño, regresan fuegos fatuos y fantasmas al engañoso pantano de la esperanza y comienza la magia. ¡No te extravíen las formas!



sábado, 17 de agosto de 2013

¿Enemigos del Islam?

“Escondidos tras los ecos de palabras vacías,
no sucumbáis a la fuerza de la costumbre.
Sed lámparas encendidas con aceite real.”
(Yekutiel ben Isaac)





Someterse a la verdad no significa confundir esta verdad con ninguna de la formas en las que dicha verdad se expresa y no digamos ya con ninguna de las interpretaciones que, de tales formas, pueda haber sido realizada en el pasado, en el presente ni en el futuro. Allí donde lo real se revela diverso, la rigidez y el monolitismo significan alejamiento. Es la diversidad una perenne invitación al encuentro desde la fraterna irrealidad que somos, desde nuestro reconocimiento como evanescentes reflejos, destellos que no se aferran ni tratan de permanecer en la mágica iridiscencia del aquella superficie espejada que les otorga pasajera forma.


Someterse a una verdad inasible es renunciar a dejar huella, llamar a todas las criaturas a despertar una conciencia de precaria vacuidad. Un despertar que involucra la simultaneidad de todos, de todo en el desvanecimiento ante lo real. Inútiles aquellas palabras que encienden el recuerdo de la ausencia, que impregnadas de su perfume, no hacen sino volver mucho más denso el innecesario velo. ¿Qué necesidad tiene de protección lo real? ¿Quién cree posible protegerse de lo real? ¿Quién se cree con derecho a acallar con palabras su silenciosa voz? ¿Quién se interpone? ¿Qué puede ser más necesario? ¿Quién osará negar que esto fue escrito y leído? ¿Quién recordará haberse distraído, haber olvidado, una vez más, someterse a lo real?



martes, 11 de junio de 2013

¿Qué sabes de ti?

"Conócete a ti mismo."
(Delfos)

"Quise mostrar (reflejarme como espejo) mi tesoro escondido."
(Basora)




El mundo es sólo la sombra (proyección), una actualización posible del Eterno. Todo aquello que nos resistimos a reconocer en el espejo de nuestra conciencia, lo proyectamos en el espejo del mundo: Visita interiorem terrae, rectificando (12 trabajos) invenies ocultam lapidam, vera salutem. El camino heroico es aquel que conduce a cada ser humano a vencer sus propias sombras, reconociéndolas, rectificando y así trasmutándolas, aquel en el que se va produciendo esa codiciada alquimia interior que inunda paulatinamente su alma de resplandeciente luz.

Para que lo cultivado humano sea elevado a lo divino, se requiere un permanente “hacer sagrado”, siempre reconociendo y rectificando, en virtud de una alquimia interior progresiva y transmutatoria, todo aquello que nos aleja de lo celeste (inteligencias planetarias interpuestas) iluminando aquellas instancias que aún no reconocemos como propias. La Obra redunda así de un continuo esfuerzo de autoconocimiento, espejos que reflejan -en orden decreciente- y recrean –en orden ascendente- otros espejos saturnales, joviales, marciales, solares, venusinos, mercuriales, lunares y, finalmente, terrestres, allí donde la tierra no es sino reflejo consecutivo (resultante) de los sucesivos cielos.


Cada nuevo grado de conocimiento es tal únicamente por que, al reflexionar cada vez más y más profundamente, nos eleva, limpiando así nuestra conciencia (que se expande). Es así como se proyecta fuera el oro, allí donde –disipadas las tinieblas interiores y desenmascarados los seductores carismas- en la intimidad más intima se descubre escondido (oculto). El espejo “reconoce” Lo que (antes sólo) refleja. Leer y releer incansables los pormenores de la sombra, hasta descifrar, más allá de la pericia del sabio, la indiferenciada niebla primigenia. Del granado que florece en septiembre, pocos frutos resisten en sus ramas en diciembre.



martes, 21 de mayo de 2013

Símbolos del instinto


“Para lograr suplantar aquel Dios,
creado a nuestra inflada imagen y semejanza,
hubimos previamente de matarlo en nosotros.”
(Carl Gustav Jung)




En estos tiempos, en los que aceleración y enajenación tecnológica van a la par, resulta muy complicado asumir de manera consciente que el mal que presumimos objetivo -cuando en realidad es proyectado- en los demás, radica en el fondo arcaico e ignoto de nuestra propia alma. Son muy pocos los que se atreven a descender al oscuro ámbito de su fondo primitivo, asumir las propias tinieblas y vivir el temor primordial, con la exigua esperanza de alcanzar siquiera una tenue y promisoria luz.

Nuestra alma parece constituida por una delicada urdimbre de fuerzas y potencias lo suficientemente poderosas, y tan peligrosas o útiles para ser tenidas en respetuosa consideración, lo suficientemente grandes, bellas y razonables para contemplarlas y amarlas. Quien renuncia a enfrentar su propia responsabilidad y desoye su propia voz interior, resuelve ser así disuelto y arrastrado en el magma impersonal y doctrinal del egrégor colectivo.

Lo social entonces sólo podrá ser así sanado mediante una radical acción terapéutica sobre nosotros mismos. No somos meros pacientes de la época. El monstruo se gesta, eón tras eón, desde cada uno de nosotros. Cabe luego al poder político y mediático lo de transformar la inconsciencia del propio mal en devastadora epidemia. No vemos fuera sino la proyección de cuando gestamos dentro. Nuestra inconsciencia fue y sigue siendo la raíz que nutre y da forma al mal.



jueves, 25 de abril de 2013

Súbito encuentro con la sombra

 
 



Quien quiera que imaginara una sociedad que antepusiera el lucro al desarrollo de la propia conciencia, encontró el modo posible de llevar a cabo y materializar semejante despropósito. ¿Quién sería capaz de imaginar empero, desde ese lodazal disfrazado de próspero desarrollo, lo contrario?

 
Cada ser humano que encuentra el modo de seguir adelante en su búsqueda, es guiado por la sed de algo que, por más que se empeñen algunos en otorgarle alguno provisional que acabe por convertirse en marca protegida, no tiene nombre. Una llamada a ser cuanto intuimos que estamos llamados a ser. Potencia hecha acto.

 
Responder fielmente a esa crucial llamada requiere un grado de atención e íntimo ensimismamiento, que el perverso tropel distractor nos obliga a postergar una y otra vez, sine die, creando en esa permanente postergación una carencia esencial, un vacío tan doloroso que sólo se repara volviendo a nosotros mismos, mientras duele.


Hemos de estar atentos a las intuiciones intelectuales que provienen de la propia senda. Uno sólo encuentra los maestros que su sinceridad merece. Vive en la incertidumbre de caminar siendo el propio creador de tu realidad. ¿Qué duda cabe? La sorpresa está garantizada.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Órfalis

“Vine para decir una palabra y la diré.
Más si la muerte se adelanta,
ella la dirá mañana.”
(Jalil Gibrán, Lágrima y sonrisa)

 

 

 

Cuando nos asomamos al interior de las cosas, de las personas, del mundo, nos asalta una sorprendente intensidad vital que no deja entrever el infinito decorado de su apariencia exterior, como le sucede al alba invisible que toda noche oculta en lo más íntimo.
 

Así, para borrar la cotidiana oscuridad que asola y enfría nuestra vida, basta una nueva mirada, un ejercicio de voluntad, de decisión súbita, un acto de conciencia será suficiente para que aquella quede abolida y resplandezca la luz del alba.
 

Convivimos con los oscuros rincones de nuestra alma, asumimos su tóxica familiaridad, hasta que un buen día, sin saber muy bien cómo ni por qué, recobramos el anhelo de soñar e iluminar de nuevo la trasparencia de nuestro pequeño mundo. Voluntad que aporta cuanto sabe y cuanto ignora.
 
 

 

Ese tránsito aciago por la oscuridad parece, a todas luces, algo imprescindible, necesario. ¿Qué sería de nuestra luz sin el recurso transgresor de la consigna de la sombra? ¿Qué simulada transformación cabe esperar sin su cuestionamiento? ¿Qué verdadero acto, si no nace del conocimiento indeleble al experimentar la propia victoria?

 
Para descubrir que Órfalis ya era el paraíso fue necesario volver hacia nosotros la propia mirada mil y una noches. Lento tapiz que teje en nosotros la humildad intelectual, la coherencia y la insobornabilidad de quién ya lo ha perdido todo y a nada externo obedece, pues descubrió la trampa antagonista que impregna cada renovado instante.



 

Esa fuerza imparable habrá de resurgir de nuestros escombros, con la tenacidad que cabe esperar a la promesa divina. Campo escalar oculto tras la penumbra de las luminosas sombras que nos revela que verdad y belleza no pueden ser cosas distintas, que, si no quieres perderte en la arrogante impostura, ha de ser honesto el modo en que te ganas la brevedad de tu vida.

 
En todo momento, pero sobre todo en las intensas horas felices de la fugaz existencia, han de ser incondicionales tu profética luz y tu aroma. Recuerda que el escenario es efímero, y sólo tu creador conoce la verdadera cifra de tu hora.



domingo, 17 de febrero de 2013

Cordata


“Merece pena de traidor
quien deja errar al rey a sabiendas”.
(Alfonso X el Sabio)

 

 

Aquellos que gozan de una posición relevante, de un puesto que proteger y salvaguardar, mantienen trás de sí una sólida red de apoyo, un grupo afín que los sostiene. Los advenedizos sin pedigrí, en cambio, serán perseverantemente erosionados por querellas e infamias soto vocce, por hostilidades y signos de rechazo tejidos mediante sutiles y aparentemente insignificantes gestos que lastran día a día cualquier atisbo de posibilidad.
 

Pequeñas muertes que en modo alguno defraudan a sus consolidados artífices, bregados en al arte de sobrellevar la intriga, la perversión polimorfa, la traición y el latrocinio con total virtud.

 
¿Tolerarán una huida que no conlleve ostracismo? Al enemigo ni agua, cuanto menos darle ocasión hedonista de gozar la inspiración, la duda creativa, la sinfonía sensorial, el misterioso arte de vivir y morir como ser humano. Merece empero la acogida que se reserva al intruso.



viernes, 17 de agosto de 2012

Huelga de hambre


“Quien duerma sobre una tumba…
despertará poeta ¡o loco!”
(Filidh, Tratado de Imbás Forosnai)

“En otro tiempo, los sabios se enterraban vivos
e incubaban en su ataúd silvestre, sellado desde dentro,
con la cabeza al este, una noche, dos días,
o todo el tiempo que necesitaran.”
(Juan Matus)







El ayuno previo es uno de los métodos más eficaces que tradicionalmente son utilizados para reacondicionar, purificar y curar el cuerpo, accediendo a traspasar el umbral de otros estados de conciencia –llamémosles- “no ordinarios”. La posterior ingesta de los huesos y la carne de los dioses, procura una asimilación que se entiende sagrada por tener lugar en un terreno más apropiado: el del des-ayuno. La espera de mortal inanición (prayopavesana hindú) prefigura así un re-nacimiento de lo más espectacular.






La céltica Ley de Brehon diferencia con claridad entre el ayuno "troscad", para lograr dañar a terceros y el "cealacha", mucho más de moda en ámbitos carcelarios, para conmover el favor de la ciega justicia por hambre, que se suele asociar al malogrado Mohandas Gandhi. El hambre del “Aíne Frithaire” chantajea y conmueve con eficacia a los dioses, los ata a nuestra voluntad. Igual que el arcoíris servía de “ancla” recordatorio al Eterno del pacto vinculante con los hombres, a través de la tormentosa gesta náutica de Noé, tras siete meses inolvidables.







Privar al estómago y a los sentidos de su habitual alimento, supone atravesar el contraparto, natural pero anticipado, del paso entre la vida y la muerte. La poción de muérdago e hidromiel posibilita, a posteriori, el tránsito -más arduo- que supone rítmico parto que lleva de la muerte prematura a la renovada vida, acompasado por el “llanto y latir de la tierra” que trota desde el “eje que une los mundos” y los encanta con su arrullo. Ayuno tras ayuno, parece que la única forma de elevarse sobre las tinieblas es aceptarlas. El regreso desde esa alcoba, ya no muestra un mundo hostil e imperfecto, sino pleno de oportunidades para amar y dejarse amar. Un verdadero don que transforma para siempre la mirada. Per aspera ad fontes.



miércoles, 15 de agosto de 2012

Alacena del corazón

“Algunas almas se muestran cuál pura luz de luna.
Otras, más irisadas, ofrecen ofídicos rasguños pálidos.”
(Plutarco, De sera Numidis Vindicta, XXII)






La metafísica de la luz siempre distingue entre la mirada divina, la mirada sagrada y la ceguera. Así la luz y las tinieblas pueden ser consideradas bajo esta triple perspectiva tan ajena a convenciones y consensos, inmersa en la fértil elocuencia transformadora en la que se estructuran los distintos órdenes  simbólicos, la que garantiza la reflexión paradójica, aquella que resplandece luminosa para el alma.

De algún modo que aún no comprendemos bien, el alma sabe que toda luz proviene del interior. Sin esa luz, el mundo enmudece en la sombra, se torna huella. Desde ella, en cambio, la total oscuridad se revela fuente luminosa. Esa forma de estremecer el lenguaje y torcerlo más allá de toda posible polisemia fatiga y agota cualquier clase de lógica, sobre todo para quienes aún confunden alma y retina.

La mirada divina construye la necesidad. La mirada sagrada revela la arbitraria posibilidad del azar. La ignota ceguera nos oculta nuestra total falta de libertad y nos inventa responsables. ¡Como si fuera posible escoger la mirada o el alma de la música se agotase en la partitura! Sabiduría ensoberbecida que confunde cifra y descifra, hermenéutica con coleccionar diccionarios de símbolos, el 1,3 y el 1,6, palpando a tientas, tropezando con las sombras, sin ochema ni auge, incapaz de encontrar, caleidoscópica luz sobre luz, la alacena del corazón.





lunes, 18 de junio de 2012

De umbris idearum


“Al ver su sombra desde el celeste vuelo,
algunos pájaros creen que se siguen
arrastrando por la tierra.”
(Marsilio Ficino, Ad Hominum Genum)

“El Alma actúa sobre el cuerpo y le modela,
así nuestros actos son su sombra:
en modo alguno se limita o circunscribe a él.”
(Giordano Bruno, De Magia)





Plotino coloca al Alma en el centro mismo de la realidad, allí donde hoy nuestra avanzada ciencia no sitúa sino el soma neuronal, la physis bioquímica o la polis sociológica.  Muy por el contrario, el autor de las Eneadas la sitúa así en la categoría de Principio (arch) autónomo y la atribuye una fuerza (dunamis) causal propia. Como repiten Ficino y Bruno, son las sombras de las ideas las que otorgan alguna realidad y forma a las cosas. El universo físico es una suerte de “engendro mental”. Afirmaciones como ésta resultan repulsivas a cuantos han sido abducidos por el cliché de la modernidad tecnocrática, inconscientes de la luz que crea la sombra de su actual ceguera y la torna -“hace”, “modela”, “construye”- real.

Al preguntarnos sobre la naturaleza del Alma, más nos valdría reflexionar sobre la esencia de aquello que es otorgador de naturaleza, es decir, trabajar a la inversa, ponerlo todo “patas arriba”. Entender que lo que llamamos tejado, no es sino la quilla de una nave celeste que fue concebida para surcar los cielos, no para afincarse en réditos bien terrenales. No se hizo el barco con la intención de mantenerlo permanentemente atracado a puerto. El puerto no es sede, sino tan sólo punto de partida. La llegada es “otra cosa”.

La verdadera psicología (ciencia del Alma), conduce inexorablemente a la teología (ciencia de lo divino), de la que se regresa filósofo (amado por la Sabiduría) con una ética y estética que sólo resultan familiares a quienes han saboreado el tránsito en primera persona y murieron tras la experiencia. No se puede llamar mero “psicologismo” a un viaje que ha de comenzar necesariamente en el descubrimiento del puerto del propio Alma, que tiene en la sombra del Alma que somos cada uno de nosotros, su verdadero origen. Como descubrió Marco Polo, algunos prefieren el relato del viaje a sus riesgos y penurias, para así presumir que alguna vez viajaron, cuando su vida no tuvo más aventura que los intersticios de su propia farsa. Tuvo más suerte el pájaro de la cita, ya que aquel al menos volaba. Estos creen hacer ciencia, cuando sólo se arrastran. Más les valdría a los nuevos aprendices de psicólogo dejarse de actos reflejos, umbrales de percepción y recurrencias estadísticas, de obcecarse en acumular hechos y datos "objetivos"... y empezar a leer a Plotino.




domingo, 17 de junio de 2012

Mantras y mudras


 “Lo encontrarás enganchado al cuerpo físico
por la parte alta del omóplato derecho.”
(Isadorus de Alejandría, s. V)


“Desde abajo resulta invisible.
Sólo será posible conocer su estructura
para quien orbite en viajes espaciales,
más allá de la ionosfera.”
(Nikola Tesla, confidencia a Mark Twain)

 




El poder de la palabra y el gesto son bien conocidos desde la antigüedad, como herramientas precisas para la confrontación de arcontes, dentro de los múltiples niveles del Ser, en aquellos oscuros confines del laberíntico campo de guerra en el que, como nos señala el Apocalipsis de Santiago, se libra cada nocturna batalla de la envidiosa codicia y la ególatra arrogancia a que nos somete el rutinario ocupante inhumano.

Permanentemente seducidos por las monótonas variantes del espejismo mesiánico y las del atávico holograma apocalíptico, somos distraídos hacia afuera de nosotros mismos y, de ese modo, hábilmente capturados por la narrativa arcóntica, con preciosos cuentos “para dormir” la voluntad y la intención, con la infalible trama. La inmensa complejidad de la intrusión, requiere de nuestra claridad y la concentración como bienes indispensables. Al carecer de intención (buqos) y atención (ennoia) necesarias para lograr la concentración thelémica de que carecen, los huéspedes las toman así prestadas.



El entrenamiento paulatino de la voluntad, la compostura interior y una férrea disciplina mental, son requisitos indispensable del héroe que aspire a entrar en las fuerzas de la resistencia de las que vendrá la libertad, un saber y un sabor olvidados, una “mirada” humana. Todos llevamos el antígeno para el veneno alucinógeno, dentro reside el antiviral necesario. Dentro.


Enfrentar la intrusión arcóntica, hacer frente al depredador que todos llevamos y desvía la señal requiere de grandes dosis de disciplina y valor. Nunca ha sido fácil afrontar la locura, sobre todo de un modo indiscreto. Los psiquiátricos rebosan ejemplos. No podrá crear el huevo luminoso sólo ni coordinarse para atravesar los flujos de emanaciones. Tampoco es nada fácil distinguir entre ellos a los aliados. Así que, piénselo mejor, ¡y no lo intente! No habrá ninguna “Ínsula Barataria” esperando. Mejor deje tranquilo su punto de encaje y, total son cuatro días, a seguir tirando del carro. ¿Qué ganas tiene usted de buscarse complicaciones?



Sacrosanta celda


“La Naturaleza gusta ocultarse.”
(Heráclito de Éfeso, 123)
 
“Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor es Uno.
Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón,
con toda tu alma y con todas tus fuerzas.”
(Deuteronomio 6, 4-9)









Los arduos caminos de experiencia, a través de un largo proceso de ensayo error, conducen a la maestría del viajero caminante, cambian su mirada, la abren a mundos que, hasta llegar a ser tanteados, explorados y conocidos, sólo parecían irreales a la aventura de la conciencia.

Los sistemas de creencias han de ser destruidos y reconstruidos sin tregua. Cada esquema que parece definitivo solo es aquel que tarda más en ser redefinido y replanteado. Cada verdad lo es en la medida que es provisional, transitoria aquella que una vez sentimos como certidumbre y hoy descubrimos certera contradicción. Tanta impermanencia resulta psico-depredatoria, no hay ego que se resista. Nos vuelve dóciles, indefensos, sumisos.






¿Dónde queda nuestra autonomía? ¿Dónde fue el pensamiento libre? ¿A quién o a qué extrañas fuerzas pertenece el diseño de nuestra actuales creencias, nuestra idea de lo que está bien o mal, de lo correcto o incorrecto, nuestros gustos y costumbres? ¿Quién o qué estableció nuestros sueños, nuestras expectativas, nuestras esperanzas, nuestro sentido del éxito o  fracaso? ¿Nuestra complacencia, nuestros deseos y miedos, nuestra cobardía, nuestra avaricia, nuestro “nuestro”?

Arcónticas sombras fugaces sobre el barro, intrusos que se adueñaron de nuestra voluntad para ser nuestra voluntad. Incapaces ya de reconocerlas, interceptado como está nuestro nous, cautivo y desvirtuado, nos consolamos, acostumbrados a su inflexible y vampírico mando, llamándolas “mi mente, nuestra mente”, sin percibir la invisible sintaxis de la colmena forastera que nos conforma. Ahora dicen que las pinturas de Altamira, fueron pintadas por chamanes neanderthales, en absoluto silencio, mucho antes de que llegara el Nuevo Orden Mundial: ¿Con qué intención? “¡O tempora, o mores!”





martes, 12 de junio de 2012

Flame


“Hoy en día la  política sigue siendo el arte
de generar situaciones violentas de abuso contra el pueblo
que hagan necesario el uso de los medios de la guerra.”
(Renè Girad, Clausewich en los extremos, 2010)


"El mejor modo de encubrir intervenciones estratégicas
es bajo el paraguas internacional de humanitarismo:
nada tan conmovedor como la tragedia humana.
La defensa de nuestros intereses estratégicos
frente las amenazas de terceros puede llegar a exigirnos,
aunque siempre de un modo encubierto,
el necesario deber de provocarla."
(Enrique A. Besante, Los escollos de Siria, 2012)




Vivimos tiempos de extrema violencia, mitigada por la necesaria distracción que ejercen los medios de comunicación, encargados de mostrar "la realidad" que conviene a los intereses económicos que los sostienen y respaldan, para mejor manipulación y control de la "opinión" y -sobre todo- la "insumisión" popular. El fluido social ha de ser convenientemente canalizado para que sea útil y no se desborde. A no ser que convenga lo contrario, claro.


Carl von Clausewich, estratega clásico de la confrontación moderna, sostenía que la guerra era cualquier acto de fuerza para doblegar la voluntad de nuestro adversario en prevalecimiento de la nuestra. En ella, decía, se ponen en juego tres factores esenciales:


1. El egoismo mezquino de los intereses oligárquicos que sostienen el gobierno.
2. La racionalidad militar para estimar la probabilidad de tomar las mejores decisiones que alteren a conveniencia el cálculo del equilibrio de fuerzas.
3. El odio irracional de los pueblos, que ha de ser potenciado y alimentado hasta alcanzar umbrales de violencia animal.


No hace falta grandes dotes intelectuales para saber cuál de estos tres factores es el más frágil y complicado de manejar, hasta el punto de que se vuelva contra los otros dos. Estamos ante una de esas ocasiones en que la sobre-extensión de la tragedia humana parece conveniente a los intereses de unos pocos, de ahí que resulte, de todo punto, imprescindible, necesaria. ¿Vamos a consentirlo dóciles? El egoismo alimenta el odio y lo gestiona con el cálculo. Comienza el juego. La suerte está echada.






sábado, 9 de junio de 2012

Bulabar R-30

"No sé como será la tercera guerra mundial,
pero seguro que la cuarta es con piedras y palos."
(Albert Einstein)

"1) Empatiza con tu enemigo;
2) La racionalidad no va a salvarnos;
3) Hay algo más allá de uno mismo;
4) Maximiza la eficiencia;
5) La proporcionalidad debe ser una directriz en la guerra:
6) Obtén el dato;
7) Lo que ves y lo que crees con frecuencia están errados;
8) Debes estar preparado para reexaminar tus razonamientos;
9) Para hacer el bien, puedes tener que involucrarte en el mal;
10) Nunca digas nunca;
11) No puedes cambiar la naturaleza humana."
(Robert S. McNamara, Eleven Life Lessons)




Anteayer, día 7/6/2012 se volvió a ver la estrella de Belén, no sólo en Palestina, sino también en Jordania, Líbano, Siria, Turquía, Armenia y Chipre. La RSVN hizo despliegue de dos ICBM, tipo TOPOL de nueva generación (6 ojivas de 550 kilotones). Los rusos también quieren jugar.

El presupuesto de defensa (bunkers spa resort y escudos antimisiles) y el de ofensa (misiles crucero, antenas HAARP…) está siendo recipiendario del resto de recortes (a algún sitio tiene que haber emigrado la pasta). La acidificación sanguínea  nos tiene a todos un poco revueltos, que ya no sabemos si defender la propia soberanía o violar la de nuestros semejantes. Algo habrá que hacer con los excedentes del negocio, una especie de feria del stock armamentístico o similar, que se nos pasan los tirachinas galácticos y los aceleradores de partículas de moda.

La mayor parte de los euros se nos va en captación, flujo y consumo de energía, para mantener al ralentí el motor de la insostenible civilización. La mitad de esa pasta, se va luego en la sofisticación tecnológica destinada a la defensa y ofensa. Y un 10% de esta última partida, a tapar las desvergüenzas del subdesarrollo.  Nuestra "austeridad" va in crescendo, conforme se requieran fondos para cuestiones más humanitarias. La mejor prueba de la indudable existencia de inteligencia extraterrestre es que “no” han venido todavía a visitarnos: ¡vaya si conocen el paño!





 

viernes, 1 de junio de 2012

Sombra tras la Luz

“Cuando veas a la esclava alumbrar a su ama,
a los descalzos, indigentes y pastores
competir por la construcción de edificios,
la Hora estará muy próxima.”
(Hadiz de Yibril)



Como señalaba acertadamente el ogro de Shreck, todos los seres humanos estamos construidos como las cebollas, por capas. Exteriormente mostramos un comportamiento motriz y verbal. Tras él, hay todo un complicado edificio de creencias que, mientras nos funcionen como es debido, sin demasiadas grietas o fisuras descaradas, solemos dar por ciertas, sin entrar en mayores complicaciones. Finalmente, se encuentra el persistente tirano vital al que, entre somníferos, ansiolíticos, analgésicos y comida baja en calorías, tratamos inútilmente de engañar.

Según nos muestra este sencillo esquema argumental, podría decirse que nuestro comportamiento motriz y verbal se correspondería propiamente con el cuerpo, nuestro provisional sistema actual de creencias con la intrincada amalgama neuronal que teje lo psíquico, y el centro de la cebolla, la certeza más intima y biológica, con el núcleo espiritual. Así, podrás disfrazarte y decir mentiras a otros, autoengañarte hasta lograr una total autocomplacencia, pero dentro de ti hay algo que no cambia, pero observa permanentemente los cambios que se suceden de forma impermanente: el testigo que permanece inmóvil, asistiendo al remolino cambiante de lo que “llamamos” real.




Dicho testigo constituye la esencia de lo espiritual, la sombra de conciencia tras la que se ilumina la Luz. Uno de los puntos más privilegiados desde los que realizar cualquier clase de observación, toda vez que uno se atreva a intentarlo. No resulta fácil mirar un espejo sin ser distraído inmediatamente por el reflejo.

Hay algo hermoso y desconcertante en los espejos, que al igual que le sucediera a Narciso, nos fascina y atrapa sin remedio. Algo que nos recuerda a nosotros, que nos resulta provocadoramente próximo y familiar. Tal vez porque nosotros mismos no somos sino una especie de constructor de arquetipos, de modelador de lo real, que ha olvidado que lo es. Un hacedor de reflejos sin memoria, cuya capacidad de olvido le hace confundir, en más ocasiones de las que sería conveniente, imagen con semejanza. Un olvido que, en tanto que es del todo inconsciente, representa una brutal servidumbre.

El secreto atanor, horno invisible de la conciencia, teje el mundo y, al reflejarlo, lo hace posible: rebosa.



Cortejo de átomos ensimismados que danzan dóciles en medio de la nada, arrastrados por una voluntad que los conmueve desde dentro, que los domina con una caricia suave y perfumada. Con la misma suerte de sortilegio con que el sacrificio culinario de la cebolla otorga el don de lágrimas. Medusa fiera, algoritmo que predice el continuo suceder de formas, trasiego del trigo y la espada al son de la Palabra.

Pobre del corazón que recuerda y se reconoce atado a lo indiviso, latiendo entre el cenit y el nadir sin ninguna esperanza, sosegado, en rítmica calma, aguardando ser cercenado por la misericordia infinita de Su espada, para mejor ser repartido. Odio liberador que al fin, lo que un cruel amor ató sin reparos, después Él, lleno de infinita ternura, libera, desata:

“Perro ingrato, llegó tu hora.
¿Acaso llegaste a pensar que ibas a vivir
eternamente?”