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viernes, 11 de octubre de 2013

Invisible domador

“Quien atrapa sus sueños,
así los engendra.”
(Talmud)



Una vez que empiezas a erradicar los falsos memes que te fueron inculcados por quienes, de igual modo, los heredaron antes, ya no puedes parar. ¿Qué queda tras esa siega silente de falsas creencias? Aparentemente, una tierra yerma y desolada, pero al asomarnos al interior de la misma, siempre desde una mirada estrenada, esto es, atenta, natural y minuciosa, descubriremos una intensidad velada al exterior que se descubre destino, la del alma preparada para afrontar, con impasividad y grandeza, el abismal espanto del abandono divino. Sólo quien ha descubierto esta verdad dentro de sí, puede soportar el yugo de la corona.

Mientras tanto, tu vida no será más que una tortura de la que, en vano, intentas alejarte, una cárcel lúgubre e infernal, un inhóspito lugar plagado de una sucesión de incomprendidos golpes e imprevisibles sufrimientos, sucesión que no cesará hasta que “lo entiendas” y, de este modo, instantáneamente te liberes. Quien así carece de la intuición necesaria para enfrentarse al misterio desde fuera de sí, no merece poseerlo por ningún otro medio. ¿Hasta cuándo piensas regresar y regresar y regresar a la eterna e inhóspita escena, al rutinario, macabro y atormentado teatro de tu vacía existencia? Ten el valor de afrontarlo y, comienza lo antes que puedas la insoslayable siega. Arranca, arranca, arranca… empezando quizá por lo que crees saber de ti.



miércoles, 12 de junio de 2013

Sufrimiento transformador

"Duhkha."
(Sidharta Gautama)




El gran viaje del alma, lo que busca todo buscador, consiste quizá en averiguar aquello que hay que conocer. Al igual que les ocurre a los insectos con el proceso de la metamorfosis, está en la estructura del ser humano atravesar un proceso transformador. Una vida sin un destino al que llegar, se antoja una vida desprovista de sentido. Estamos, lo queramos o no, llamados a florecer y fructificar, pese a que para ello tengamos que afrontar todo tipo de dificultades y aprender cosas que duelen. Y aquí estamos.


Puede nuestro crecimiento ser únicamente horizontal (más dinero, más poder, más bienes) o aspirar a introducirse en la dimensión vertical (de la que no cabe hablar, sino callar, esto es, hacer, experimentar). Nada tan contrario a la aventura como el confort, el bienestar adocenado, la ciega confianza los espejismos del progreso tecnológico. La idolatría religiosa ha terminado por secar el sentido espiritual de la vida, con una eficacia que resulta encomiable. Y, lo más triste de todo es que, avergonzados del propio naufragio, sufrimos intensamente, sin saberlo.




jueves, 21 de febrero de 2013

La promesa del Kauzar


“La meditación posibilita el trato
con la fuente de la enfermedad,
haciendo posible la cura”.
(Hisham Kabbani, Vademecun)
 
“El médico entretiene al paciente,
mientras la propia vida le cura”.
(Paracelso)

 

 

En la espiral del dolor, que no es otra cosa quizá que nuestra necia resistencia al natural devenir, se encuentra la gradiente física, emocional, mental y espiritual, estas tres últimas, comúnmente identificadas bajo la etiqueta de “sufrimiento”.

 

Basta pues con alinear nuestro focos energéticos (lata’if, chakras, seffirot) en conciencia, desde la misma corriente del ser, recordando que nuestra propia vida (préstamo), por más que nos distraiga la analgesia de la inconsciencia, no es sino una prolongada enfermedad con muy mal pronóstico.