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jueves, 10 de octubre de 2013

Asir y dar

“Perdido está quien siente que pierde.”
(Durante Alighieri, Vita Nuova)
 
“Para apresar la Verdad
es necesario antes romper la ilusoria mirada.”
(Ibn Arabí, Futuwah Al-Malakiya)



 


El estado carencial es connatural a la condición humana, nuestra vida es una cuenta atrás, un ininterrumpido sucederse de segundos irrecuperables, aunque, de manera paradójica, la conciencia de este hecho insoslayable nos sitúa en una ocasional mirada atemporal, una perspectiva de eternidad: somos un crucial y efímero transitar. Nuestro paso ocurre desde una voluntad única, inaprensible desde nuestro evanescente suceso vital. Conscientes o no del alto don recibido, realizados en lo humano y en lo espiritual o no, el tiempo necesario es limitado, instante tras instante se agota.


La conciencia en el obrar (teúrgia, sacrum facere) afirma nuestra confianza y honradez, alivia nuestra carga vital y nuestra preocupación en pos del servicio al próximo. Nada tan eficaz contra la propia tristeza como hacer reír a quién está apesadumbrado a tu lado. El tiempo que voluntariamente (conscientemente) dedicamos a los demás es sagrado, nos descubre sagrados, porque no actúa desde un yo interesado. Isaac fue finalmente rescatado, más no así Ismael. Nuestro tiempo no nos ha sido concedido para acumular sino para servir (sacrificar) conscientemente, esto es, sin ese aura de dolor y egoico desgarro que habitualmente nos acompaña.


miércoles, 2 de octubre de 2013

Lágrimas de Dragón


“Astra clinant, non trahunt.”
(Tomás de Aquino)

 

 
 

Si no ocurre algún súbito imprevisto, desde las primeras horas del atardecer extra urbano del 7 y 8 de octubre, los polvorientos restos del cometa Giacobibi-Zinner desmelenarán, suaves y propicios, la cabeza del Dragón llorón. Se cierra así el ciclo que a mediados de julio iniciaron las Perseidas, con otro llanto, el del Sol Laureado. Preparad, más vuestros deseos que vuestros ojos, para la lenta llamarada nocturna que, de improviso y sin permiso, os arrebatará el corazón.


 

jueves, 26 de septiembre de 2013

Canciones Horarias


 
La editorial QyDado, con motivo de la necesaria renovación otoñal, ha tenido a bien publicar un nuevo libro, Canciones Horarias, disponible de forma gratuita y a todo color, para todos los seguidores y seguidoras fieles de este blog, pulsando sobre la imagen de la portada. ¿Quién sabe si emplearán bien sus horas, quienes  se dediquen a su atenta lectura?
 

 

Te ofrecemos el texto de su contraportada, para ver si picas.

"Detente. Pero ¿qué haces? No leas ni una palabra más. Desiste. Prosigue el ajetreo de tu propia vida sin más. No necesitas el lastre innecesario de una nueva lectura con la que cansar tus ojos, un texto vano más en el que arrastrar tu mirada buscando acallar inútilmente el anhelo de tu sed. Cierra este libro y huye, pon a salvo los frágiles resortes que aún preservan tu precaria cordura. ¿Por qué osas desoír la cautela de mi insistente ruego y estimas inútiles todas estas advertencias que no buscan sino aumentar las horas de tu bien?
 
 Misterios de la psicología inversa, a menudo solemos caer en la tentación de adentrarnos en la oscura tiniebla de procelosos mares, abandonando la certera protección de la orilla, dando más crédito al súbito delirio de un trastornado corazón frente a los cálculos más razonables del sentido común, que nos garantizan seguridad y sosiego en el previsible cotidiano. Sea pues, y zarpa, allá donde quiera que te lleve la lectura, pues has decidido afrontar la aventura de tu última hora, entre estas páginas. Ten por seguro que no saldrás vivo de este libro. Si no, al tiempo…" (Contraportada)

 

martes, 10 de septiembre de 2013

Shekhiná

“Buscando refugio
se encarnó la palabra.”
(Juan 1, 14)
 
“Teteléstai"... Parédoken to pneûma.
(Juan 19, 30)

 

 
En el camino inicial de auto perfeccionamiento, retruécanos aparte, se requieren y son necesarios, como el tránsito por cualquier otro sendero, planteamientos previos a la plasmación definitiva de la intención, técnicas con las que implementar la estrategia amatoria, pues no se consigue culminar aquel sin el concurso transmutatorio del amor.

La práctica sacramental de la amatoria reunión, hito que eleva en nosotros el Espíritu, palanca que rasga el velo de lo aparente, peldaño que obra el prodigio de la la transformación, constituye la llave maestra para abrir, desde una renovada y renacida consciencia, la mirada. Mirada y consciencia que, no podría ser de otra manera, son así despreciadas y quizá hasta ridiculizadas por la severa inopia de cuantos y cuantas las ignoran.
 
Por encima de vanos voluntarismos, sólo el amor nos despierta y abre a la verdadera experiencia del amor, allí donde hasta el menor gesto, hasta el más aparentemente insignificante, incluso el más escatológico, se haya así siempre inmerso en el más imperceptible escenario del campo escalar, y allí se descubre necesario vehículo de la Presencia: sagrado. Plenamente vigilantes, humildes y abatidos, no es posible superar y sublimar el mundo en Reino sino a su través.
 
 
 

domingo, 8 de septiembre de 2013

Veneno apacible

“Así como nunca se arrebata la oscuridad a los dos mundos,
la oscuridad del alma iniciada, a caballo entre ambos,
majestuosa, silente y sabia, es la oscuridad suprema.”
(Mahmud Shabistari)
 
“Rester soi-même.”
(Michel de Montaigne)

 



 
Quiere nuestro hiperactivo siglo XXI impedirnos seguir siendo nosotros mismos tras la usura de la cronometración vital, allí donde ya no queda tiempo ni para la reflexión sedente ni para la itinerante, aquellas donde se rumian y caminan los pensamientos. En el estrecho lapso de una serie, de una partida de Angry Birds, de un apresurado vistazo por los titulares digitales, el timeline del Twiter o el muro del Facebok, pocos frutos magistrales cabe esperar de esta deslumbrante, vertiginosa y aciaga época. Sin espacio para la reflexión y el silencio, estamos pues abocados a un mundo sin aristas ni artistas.

 
 

Señalaba el maestro Manuel Vicent nuestro actual desinterés por el amanecer que se extiende centelleante sobre el mar, el oro cegador sobre los rastrojos que nos regala la siega de agosto, el que madura en los membrillos por el temido San Martín porcino, el que relumbra al viento en la podredumbre de la hojarasca otoñal, en el sillar románico que enciende el sol a media tarde, el las obras de Klimt y Matisse, en las letras capitulares de los códices de vitela, aquel oro que nos envuelve como una dádiva, al cero por ciento de interés,  en el mosto que fluye al final de la vendimia y que sabe dorar el crepúsculo en la copa que llevamos, ya sabios,  de la mano a nuestros impacientes labios, mientras aguardamos la promesa del brillo solar, que reestrena la vida para nosotros, cada mañana.

 
 

El oro esencial que entrega la mirada serena sobre las “Oras” no es el oro por el que se afanan y pleitean los voraces mercados. Una mirada que verá trocar en nosotros deseos y necesidades artificiosamente construidas por otras quizá más genuinas por las que sí merecerá la pena tu batallar, por las que tendrá sentido y será necesario derrochar el efímero caudal de una vida, agotar el propio camino que crearon, en su solitario andar, tus pasos. Bien mirado ¿cabe mayor codicia que la de marcarse y seguir el propio rumbo, en ese estado de consciencia crepuscular donde las cosas no son sólo posibles o simplemente probables, sino inevitables, necesarias? Aún puedes rescatar tu tiempo de la cadena de la prisa, de la impostura impuesta. Festina lente.
 
 
 

viernes, 6 de septiembre de 2013

Aflicción de Espíritu


“Aquello que fue, ya es;
y lo que ha de ser, fue ya;
restaura el Eterno lo transcurrido.”
(Eclesiastés 3,15)
 
“Quien añade ciencia, añade dolor.”
(Eclesiastés 1,18b)
 

 

En vano se afanan los distraídos. Alegrémonos. Empleemos la cuota de vida asignada en hacer el bien. Comamos, bebamos y gocemos del deber cumplido, toda vez que descubramos en el corazón, todo a su tiempo, el inconfundible sabor de la eternidad.


martes, 27 de agosto de 2013

Noble castillo

“Ecce Deus fortior me,
qui veniens dominabitur mihi.”
(Durante Alighieri, Vita Nuova 2)




Convertir al actor en personaje, o transparentar al fotograma en vida, requiere de un acto –no siempre voluntario- de supresión de la incredulidad. Atravesar el trazo de las letras engarzadas desvelando su quimérico sentido, tal y como está haciendo en este mismo momento el lector, no lleva a presuponer, erróneamente, que el amanuense es creador y creedor, cuando sólo es ficción. Le cabe al impostor el arte de mentir en primera persona, dando la falsa impresión de desnudarse tras el disfraz donde mejor se oculta. ¿Hay menos luz en el autoengaño que en la visión? ¿Hacer alas de unos simples remos? ¿Trocar en Dulcinea las menores expectativas de Aldonza?

Allí donde el infierno no es sino sobre determinación absoluta, cautiverio del pensar, el purgatorio nos ofrece, engañoso, alguna posibilidad de elección. Sólo la paradisiaca liberación permite abarcar en toda su complejidad los límites y contradicciones del universo, tornarlos aparentes, trascenderlos. Una liberación que, mal que nos pese, amargo pan de la vergüenza, sólo es real porque es gratuita. ¿Liberados o atrapados en lo que soñamos e intuimos eterno? La palabras aguardan, pacientes, tropezar con el alma, para renovarse allí por primera vez. Como hacen en ti ahora. Ahora.


Misericordioso aquel que estableció dentro de su riguroso orden no ya la posibilidad sino el imperativo categórico de la amabilidad y la ternura. Quizá por ello a cuantos alejó de su rostro les mitigó el dolor con el balsámico silencio, allí donde no cabe ni la sospecha ni el arrepentimiento. Por ello nos reconocen y también por ello, a su manera, sabemos que son de los nuestros. Toda nuestra vida se condensa así en un instante mágico, más allá del bien y el mal: el del reencuentro cristalino con nosotros mismos tras la tragicómica pasión de la última escena en la que ya no cabe el proceder ocultado con el que nos embaucan –no siempre de forma involuntaria- las vívidas vigilias soñadas con las que soñamos desafiar nuestros sueños.



Líbranos

“Feror ego veluti sine nauta navis,
ut per vias aeris vaga fertur avis;
non me tenent vincula, non me tenet clavis,
quero mihi similes et adiungor pravis.”
(Cármina Burana, Arder interior)

“Al igual que el tornasolado plumaje del pavo real
lo sagrado encierra infinitas aproximaciones
y sentidos.”
(Escoto de Erígena)




Si la muerte supone el fin de la imaginación, ¿quién habría entonces de imaginarla? Si nuestra vida es soñada puntualmente por lo Eterno, ¿cabe finiquitarla en el despertar de lo divino? Por el contrario, ¿no temerán los dioses soñados desvanecerse con nuestro despertar y buscan por todos los medios un onírico perpetuarse, distrayéndonos de ese afán con su persuasivo comercio? Entre los intersticios de los bytes y los pixels, crecen imanes espejos, que, vestigios del futuro, elocuentes huellas que no necesitan de blog alguno para expresarse. Las llaves y puertas que separan universos son bien diminutas.


La magia es distracción. Aburre y toda la magia se desvanecerá al instante. Hemos de lograr distraer a la gente de sí misma, de su ropa, de su incomodidad, de sus recuerdos tristes y preocupaciones, del temor a la muerte, hasta hacer que estallen y desaparezcan. Atrapar la atención en un sueño de palabras. Todo comienza con un anzuelo de letras engarzadas, allí donde el post transmite el mensaje con la misma fidelidad que lo ignora. Quizá esa fiel ignorancia es la que nos embruja y atrapa el alma. Sin el encanto de la inocencia impostada, todo lo demás resulta inútil. Sin magia, nadie se libra.



lunes, 26 de agosto de 2013

Rigor otoñal en Fa mayor

"There are more things in heaven and earth, Horatio,
than are dreamt of in your philosophy."
(Hamlet I, escena V)

"¡Actúa en vez de suplicar. 
Sacrifícate sin esperanza de gloria ni recompensa! 
Si quieres conocer los milagros, hazlos tú antes. 
Sólo así podrá cumplirse tu peculiar destino."
(Ludwig van Beethoven)






Para quien, de otoño a otoño, retorna a la vida tras la experiencia de la muerte, y siente cómo deja atrás la victoria junto al Abismo, solo le cabe abandonarse tanto al sublime gozo de la vendimia como a la completud nupcial tras la boda, donde la intuición del refinamiento supremo se sostiene en la vida cotidiana y se expresa en la acción sobre ella, allí donde el instrumento se ofrece dócil al Maestro y su vibrar es oración. La forma sinfónica clásica sugiere el itinerario místico de la metamorfosis espiritual que conlleva toda expansión de conciencia significativa.


Bien mirada, la partitura de cada vida humana transcurre siempre sobre el invisible tapiz del inexcusable trasfondo divino, una suerte de tónica en la que escribimos las notas de nuestros actos y sus correspondientes giros melódicos, que tratan de latir acorde al pulso esencial. Reposa el afán nuestra dominante sobre el abrazo de Su tónica. La notación que nos sugirió Guido d’Arezzo no parece pues, a tenor de estas reflexiones, tan arbitraria. Quizá por ello nuestro Sol experimenta la tensión cadencial del anhelo de reposar en el Do, allí donde al Sí le basta con adormecerse a su lado.



miércoles, 21 de agosto de 2013

Íntimo astrolabio


“Quien sacia su sed de conocimiento de la Fuente divina,
no se deja arrastrar por prejuicios ni dogmas.
Muy al contrario, les hace frente con su vida.”
(Ibn Habib, Del Paraíso)

“Quien revela su intención la arriesga.”
(Azarquiel, Almanaque de Ammonio)




Lo cosmológico y lo alquímico se hayan indisolublemente ligados, toda vez que se toma conciencia experiencial del vínculo planetario-metalúrgico. Así, el invernal Gabriel, celestial cicerone, muestra sala a sala, los distintos terrazos planetarios en los que han sido aposentados los profetas de todos los tiempos: hierro lunar, para Jesús ben Myriam; bronce para José ben Jacob; plata para Enoc y Elías; oro para Aarón; nácar para Moisés; esmeralda para Abraham y rubí para Adam.

El galáctico derroche lapidario, más allá del umbral saturnal, lo disfrutan los querubes: suelo de topacio, cortinas de xamed rojo y xamed verde, estancias tapizadas de perlas, rubíes y esmeraldas. Más allá, aún aguardan setenta sucesiones de setenta cielos de agua, nieve, granizo, nubes, tinieblas, fuego, claridad, gloria e iridiscencias… como nadie pueda imaginar. Es a partir de la octava esfera querubínica, donde transcurre el problema de la trepidación o precesión equinoccial que se experimenta cuando se asciende por la “secreta escala” sin ir provistos de la adecuada espagiria lapidaria.




La cibernética inquisitorial aún anda al acecho de aquellos osados entrometidos, que desoyen las cautelas y arriban en las ciudadelas de la “deep web”, esgrimiendo las llaves de ciencias antiguas y traspasan las codiciadas puertas interdimensionales sin contar con la autorización del oscuro arquitecto imperial. Es necesario inocular más y más miedo, más y mas terror, para que así se mantenga la agenda y cunda el ejemplo. Queda poco tiempo.


Escrutar las ligeras variaciones en la circunvolución de la peonza con sus intensos ojos azules y ver temblar, sobrecogido,  al mismo Polo. Adornarse el alma, pluma a pluma, para trascender la mezquindad terrena y sobrepasar las desmerecidas esferas. No hay mejor manera de consagrarse a Hermes, honrar a Yabir, acrecentar las mercedes y burlar al carcelario y cegador calendario oficial, allá donde la piedra, desde su íntimo astrolabio, está llamada a alturas más celestes. Aún estás a tiempo.



sábado, 3 de agosto de 2013

Torre de Vilafamés

“Conocer el mundo sin salir de casa
y al Tao del Cielo sin asomarse a la ventana.”
(Lao Tsé, TTK 47)

“Para sosegar mi alma, me serví de la naturaleza.
Incapaz de hallar silencio interior en mi corazón,
busque deleite reparador en cada horizonte.
Así de extraños fueron mis viajes.”
(T’u Lung, Los viajes de Mingliaotsé)




Hubo un tiempo, por estas fechas, en que solía acariciarme el corazón visitando rumbo a Oriente a aquellos que me acogieron, y entre los que me sentí, hermano. Era un viaje efímero, mas tan indeleble su huella que aún se deja atrapar entre los laberintos del alma.

Aún recuerdo las nocturnas caminatas a la espera de otra lágrima de San Lorenzo, en silencio, entre tropezón y tropezón, parecía que la tierra, celosa quizá del estrellado cielo, reclamase nuestra atención. Recuerdo el dulzor de la generosa higuera junto al umbral del mas, al rayar la mañana, las sonrisas cómplices bajo las arcadas del mikvé, la procesión de diosas al caer mágica la noche sobre el unísono respirar de las almas, el susurrar de chascarrillos iniciáticos al calor del ágape fraternal.

Han pasado ya algunos años. No supe destilar en mí la esencia divina, palpar el tuétano de las rocas y paladear el fruto de la vida eterna. Fui incapaz de nutrir mi virtud con dulzura ni logré abandonar mis deseos al viento y proseguir viaje. Pero aún recuerdo cómo entre aquellos muros amables y gracias al embrujo de aquellos polvorientos caminos, recobré para siempre la fe en la belleza.




Llanto del Sol Laureado

“Al ver rebosar sus lágrimas como perlas,
las oculta enseguida por miedo al delator.”
(Casida de Al-Yawhar)




Este mes lunar estaba consagrado por los pueblos que se organizaron bajo la tradición celta al astro solar, bajo la advocación ibera de Lugus (cuervo), "aquel que ve más allá de las puertas del tiempo", próximo al Ianus etrusco, para regresar así al pasado y/o adelantarse al futuro. La necesaria hierogamia entre el sol y la tierra sacralizaba así el lecho de encuentro: el ara solis, convocando, al comienzo del -luego usurpado como- mes del emperador Augusto, a la asamblea congregada en torno al Concejo.

Para garantizar la productividad que requiere el imperio en tiempos de paz (oro, bórax, minie), aquellos que residían en el abrigo de los montes agrestes, fueron obligados a habitar en la planicie asolada y sometidos a transitar las pavimentadas calles de la urbe romana, desprovistos así del contacto directo con la tierra, jefes leales y domesticados bajo sagrado juramento.

Gobernados por el invisible yugo del sacramento al que juraron obediencia y lealtad, bajo la atenta presencia de los dioses por testigos, al Máximo Pontífice de Roma. El culto al laureado astro solar (Sun Laurentius), señor del camino y el umbral, únicamente fue tolerado a través de su dominador intermediario. 




Suele el imperio usurpar la simbología ancestral para asegurarse así la cúspide en la jerarquía sagrada, garantizada dicha suplantación por el celo y la estrecha vigilancia de los Collegia Fabrorum, aún vigentes en nuestros modernos días, así en la Tierra como en los Cielos.

Cabe a la inteligencia militar, allende los siglos, la pertinente sumisión de las masas a través de la propagandística manipulación de los símbolos. Las ciudades son parrillas meticulosamente programadas para el sacrificio cotidiano de los súbditos y contento de los dioses, mediante lazos tan invisibles como inexpugnables. En Gallecia, se sigue aún celebrando el 25 de Julio (una semana previa al Lughnasad) pero ya se ha olvidado el porqué.


Triunfó Augusto, sepultando bajo los adoquines la memoria. Debajo aguarda Gaia, anhelando encontrarse y fundirse con Lugus,  su luminoso amante. Lo que antaño fue un lecho donde se amaban los dioses, hoy es el grillete con el que las instituciones del imperio encadenan a los súbditos, profanando con total impunidad el santísimo sacramento de Lugh. Quizá por eso aún lloran la Perseidas.




lunes, 8 de julio de 2013

Anagkê stênai

“Por el corazón puro se conoce la verdad,
en el corazón puro la verdad reposa.”
(Yâjñavalkya)



Durante el verano, al menos en el hemisferio norte, el periodo vacacional nos permite alterar el ritmo del frenesí cotidiano, entregándonos el don (para algunos la maldición) de tener más tiempo de saborear el tiempo y encontrar el método más apropiado de asimilar su primordial cualidad estival, sin dejarse embaucar por las apariencias.

La intensidad de la luz sobre las irisadas plumas de Uriel requiere de una lectura más sosegada, de mayor calma y atención, a riesgo de malinterpretar su crucial mensaje. Antaño, los sabios realizaban dicha lectura en alta voz, para saborear su estilo, impregnarse del vibrar rítmico entre pulsos y pausas y, sobre todo, cultivar la memoria del instante.




Leer la luz del verano, sin intención, sin dejar que interfiera ningún perverso criterio de rentabilidad funcional e instrumental de los que habitualmente nos intoxican, también es un verdadero arte. No temamos ser desilusionados por su huera frivolidad, muy al contrario, dejemos que esa previsible decepción de lo trivial sea la que nos despierte.


Toda vez que desvelamos su mensaje, cada instante transparenta su condición sagrada y nos instala en su crucial encrucijada. La ascesis de los rigores iniciáticos queda en ese mágico momento justificada y recompensada. El torpe deletreo, trocado disciplina, se torna ahora finalmente discernimiento. El mantra de su latido, al fin, el corazón entiende. 



sábado, 15 de junio de 2013

Verbena de San Juan

“Quien coge verbena por San Juan,
ni ruina, ni pestes ni ningún otro mal.”
(Popular)

“Van de noche los mozos y mozas,
henchidos de fuego a coger las rosas.”
(Popular)




Desde tiempos ya inmemoriales, se conocen los efectos que la delicada flor rosada de la verbena, planta sagrada de primer orden, ejerce sobre la hembra humana, ligeramente sedante e hipnótica, al favorecer la producción de nutritiva leche y contraer grácilmente el útero. Quizá por ello, sirva aún hoy en día como socorrida etiqueta para designar los concilios rituales populares, que han sobrevivido (superstitio) al paso demoledor de la iluminada modernidad.


La presencia de sus pétalos en el agua lustral, otorga la disolución de sutiles principios muy activos, que garantizan el éxito de cualquier banquete digno de ese nombre. Las proliferación de hogueras con las que festejar la noche más breve (e intensa) del año, y celebrar con ello la cósmica estabilidad del orden solsticial, habrán relegado -en su mayoría- a la niebla del olvido tan necesario ingrediente, salvo aquellas encargadas de preservar y proteger, entre salto y salto, los ecos de la tradicional memoria.


Fuego que sobrecoge al alma que en él se reconoce. De todos los deseos que se formulen en una noche tan mágica como esta, habrá siempre uno que estará garantizado: ¿Adivinan cuál?



sábado, 25 de mayo de 2013

La copa

“Quien se guía, lo hace siempre a favor de sí mismo.
Quien se extravía, contra sí se extravía.”
(Qorân 17, 15)





¿Cuántos de aquellos rumbos espirituales que toman nuestras vidas no dependen sino de un azaroso y fortuito encuentro, que nos marca para siempre? Ese encuentro se hace presente desde un futuro que termina por justificar (aclarar) el metabolismo de nuestro pasado, nuestro constante ir y venir, nuestros apegos y desapegos, el llanto que se esconde tras nuestra risa, la risa que se abraza al llanto, la perpetua gestación de nudos y tensiones que habrán de ser así libradas, conforme se traza y resuelve el enigma de la propia vida.


Noble tarea la de reconciliarse con el propio destino, recorriendo en primera persona cada uno de los eslabones de su cadena, tejiendo cada nuevo e incierto capítulo, trazando un eficaz diagnóstico a cada nuevo y preciso momento de lo real en nosotros.  ¡Ay, si la herejía terminara con la baya! Surcan el tiempo los fulgores de un respirar tan íntimo, allí donde el recuerdo continuo opera la alquimia que transmuta al corazón liberado y termina así con su sueño.



domingo, 28 de abril de 2013

Dando espacio al tiempo


 
 
Coincidiendo con el latir cósmico del intenso pulso de rayos gamma 130427A, proveniente de una galaxia ignota situada a unos 4.370 millones de años luz de nuestro mágico planeta, esta noche podremos observar a simple vista -por encima de un metro óptico sobre la ya menguante luna llena- al Señor de los Anillos. Cronos iluminado por Helios, bañando majestoso la noche y aquellos corazones filiales que laten vigilantes, egrégores prestos a ser nuevamente devorados a su paso, bajo la atenta mirada -arriba a la derecha- de Shibbolet. Simplemente ocurre.


 

domingo, 10 de febrero de 2013

Simplemente ocurre


Dentro de su interés por ayudar a difundir el trabajo de autores nóveles, la editorial QyDado reedita una obra netamente autobiográfica, de inconfundible sabor heraclitiano, a cerca de las variopintas estaciones de la Vida.
 
Todas aquellas personas interesadas en su lectura gratuita, no tienen más que pulsar sobre la misma. Esperamos que se sea de su agrado.
 
 

lunes, 24 de diciembre de 2012

Natalis solis invicti

“Soli, invicti comiti.”
("Al Dios Solar, compañero invencible".
Inscripción de un medallón romano)
 
“Agios o Theos,
Agios Iskyros,
Agios Athanathos, eleison imas”
(Trisagio griego)
  

“Era la luz en las tinieblas,
más las tinieblas no lo entendieron”
(Juan 1, 5)






El Adviento constituye un periodo magnífico de espera espiritual. Miramos la gélida noche invernal esperando -quizá la gracia de que nos llegue- una Palabra desde el Cielo (nivel macrocósmico), o tal vez miramos atemorizados la negritud de nuestra alma escéptica y desesperanzada, presa del miedo y el desencanto vital, sumida en tantos desengaños que destilan un tedio amargo que parece allí instalado para siempre y reseca de un modo certero nuestro corazón a fuerza de padecer continuos sufrimientos (nivel microcósmico): ¿Hay peor lugar para el renacimiento de la Luz?

 
Y sin embargo es allí –en medio de la plena oscuridad de nuestra alma- donde tiene lugar el milagro cotidiano, la victoria inesperada de la Luz que brota en el centro de aquella negrura y que –al principio de un modo insignificante, semejante a un grano de mostaza ( Mt 13, 31-32)- traza los contornos donde se unen el Reino y los Cielos, el establo semi-derruido – Virgo genitrix- que será Morada Axial y Corazón de Luz tras su total rendición a la Acción del Espíritu. Un alma que se sabe esposa de la Luz y madre de la Palabra: Comunión e Invocación.
           
 
Siguiendo la Tradición y asistidos por nuestros Maestros espirituales, protegidos por el Guardián de este santuario “improvisado”, invocaremos –quizá desde el silencio –pero en actitud adecuada de sumisión, fidelidad, perseverancia y esfuerzo de concentración- la llegada victoriosa del sol en los horizontes cósmico e íntimo, para sorpresa de nuestra permanente tendencia a la auto-afirmación y dispersión profanas.





Situados en el Axis Mundi –estado de Gracia pasivo y activo- desde donde Cielo, Tierra e Infierno (macro y microcósmicos) nos contemplan y claudican (2 Fil 10), invocamos la presencia del Sol Invicto, involuntarios garantes de su Reino.


En el día del “Sol Nuevo” (Dies Solis Novi) comienza un nuevo ciclo (año). Por lo que nos cuentan los arqueólogos, esta divinidad solar tenía un lugar privilegiado entre los dioses primordiales (Dei Indigetes) y sus rastros abundar por doquier, ya sea en forma de símbolos, signos, hierogramas, rudimentarias anotaciones en calendarios y estelas astrológicas, en distintas dibujos realizados sobre vajillas, armas (labrint arcaicas), utensilios y ornamentos, cavernas, círculos rituales de piedra… Su representaciones más habituales son en forma de carro solar, discos radiales y cruces de todo tipo (sobre todo svásticas).


Los solsticios, por su carácter de fenómeno natural, albergan una significación simbólica y espiritual especial, ya que al ser percibidos por los sentidos, sobrecogen de un modo intenso y ayudan al ser humano a restablecer una comunicación (comunión) con aquello que le trasciende.


Con sus fases –ascendente y descendente- el Sol, luz de los hombres y de los campos, constituye el símbolo cósmico por excelencia. El solsticio de invierno, antesala de los rigores estacionales, constituía un punto crítico que se vivía con especial dramatismo, sobre todo por la inmersión en las zonas polares en la pesadilla de una interminable noche. El punto más bajo de la eclíptica mostraba un astro mortecino, el momento donde la “luz de la vida” parecía apagarse, desaparecer, precipitándose en la tierra helada y “desolada”, engullido por las aguas, por las sombras de los bosques, para desaparecer de forma irremediable.
          

Pero entonces, contra todo pronóstico, ese débil faro celeste remonta su posición, adquiere fuerzas para elevarse de nuevo, desprendiendo una claridad renovada. Y es entonces cuando de nuevo –tímidamente- se abre paso la vida, renace la esperanza de un nuevo ciclo, un inicio, un comenzar. La “Luz de la Vida” triunfa y resplandece otra vez. El “Héroe Solar”, vencedor sobre sí mismo, conquistador de sí (el término “jaina” -Jainismo- significa conquistador, al igual que Mahavira), surge del abismo invernal, renace de las aguas heladas. Más allá de la sobrecogedora oscuridad y del frío mortal se experimenta y se vive un nueva liberación: el Árbol Simbólico del Mundo que sostiene la Vida se anima con fuerzas renovadas.
 

 
 
 

domingo, 23 de diciembre de 2012

Chiquirritín



Δόξα ἐν ὑψίστοις Θεῷ καὶ ἐπὶ γῆς εἰρήνη ἐν ἀνθρώποις εὐδοκία.
Ὑμνοῦμέν σε, εὐλογοῦμέν σε, προσκυνοῦμέν σε, δοξολογοῦμέν σε, εὐχαριστοῦμέν σοι, διὰ τὴν μεγάλην σου δόξαν.
Κύριε Βασιλεῦ, ἐπουράνιε Θεέ, Πάτερ παντοκράτορ, Κύριε Υἱὲ μονογενές, Ἰησοῦ Χριστέ, καὶ Ἅγιον Πνεῦμα.
Κύριε ὁ Θεός, ὁ ἀμνὸς τοῦ Θεοῦ, ὁ Υἱός τοῦ Πατρός, ὁ αἴρων τὴν ἁμαρτίαν τοῦ κόσμου, ἐλέησον ἡμᾶς, ὁ αἴρων τὰς ἁμαρτίας τοῦ κόσμου.
Πρόσδεξαι τὴν δέησιν ἡμῶν, ὁ καθήμενος ἐν δεξιᾷ τοῦ Πατρός, καὶ ἐλέησον ἡμᾶς.
Ὅτι σὺ εἶ μόνος Ἅγιος, σὺ εἶ μόνος Κύριος, Ἰησοῦς Χριστός, εἰς δόξαν Θεοῦ Πατρός. Ἀμήν.
Καθ' ἑκάστην ἡμέραν εὐλογήσω σε, καὶ αἰνέσω τὸ ὄνομά σου εἰς τὸν αἰῶνα καὶ εἰς τὸν αἰῶνα τοῦ αἰῶνος.
(Doxología Mayor)
 
 
 
 
 
Por más que lo pretenda, la vorágine consumista, brutalmente mermada por la caterva de malintencionados ajustes presupuestarios y psicopáticos recortes, se muestra incapaz de falsificar o mitigar el misterio del alma humana en (a pesar de) un mundo deshumanizado.


Allí donde las posadas “racionales” no tenían sitio, la tiniebla del ruinoso pesebre es el marco armonioso donde duales emociones y duales pensamientos aunados asisten al alumbramiento de la grácil posibilidad de lo sagrado.


Lo sagrado asiste a la maravilla del mundo con dolores, miedos y un hambre que aún no sabe expresar, pero también con una ingenuidad y una sonrisa inefables que son don, y no un mezquino intercambio desconfiado. Un mundo armonioso, paz en la tierra, gloria en los cielos, que no requiere de tecnócratas sino sólo de una vera humilitas, bien adorable no por ser fruto de la victoria prepotente sino de la más serena justicia.