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domingo, 4 de agosto de 2013

Eugnosia

“Nuestra supervivencia depende de anticipar en nosotros
las acciones, emociones e intenciones de los demás
mediante la experiencia de la intersubjetividad”.
(Carl Gustav Jung, Símbolos del Inconsciente)
 
“Cualquier homínido podría alcanzar un cacahuete.
Más complicado resulta experimentar la autotrascendencia.”
(V.S. Ramanachandrian)





Por lo general, solemos considerar “malo” aquello que, ya sea de manera (bien o mal) intencionada o fortuita, atenta contra nuestros intereses, por variopintos que estos pudieran llegar a ser. Así, la incompetencia de otros es “mala” en cuanto nos perjudica o la sociedad es “mala” cuando es un obstáculo para nuestros objetivos personales. La inteligencia de otros también puede resultar “mala” cuando es usada para superarnos, derrotarnos, privándonos de un beneficio o causándonos un daño.


Son necesarias habilidades como la sintonía (en lo físico), la empatía (en lo emocional) y el diálogo (en lo racional) para alcanzar una completa comunión (espiritual) con el otro. Tras esa serie de habilidades modulares se encuentran las neuronas espejo, que nos permiten convivir e interactuar eficientemente con individuos de nuestra (u otra) especie. Lo cuál, muchas veces resulta perjudicial (malo) para aquellos y aquellas que se ganan la vida detentando posiciones de mando y autoridad en nuestra sociedad.



sábado, 6 de julio de 2013

Abanico de cedros y azucenas

“Por imposible que éste resulte,
no hay mayor conocimiento que el de lo sublime.”
(Aristóteles)

“Alma que anda en amor,
ni cansa ni se cansa.”
(Juan de la Cruz)





La espera, que purifica la intención. Los preparativos, que anticipan el furtivo encuentro y lo recrean. El dulzor de la paciencia que se sabe desinteresada y total entrega. Doloroso placer y placentero dolor que nunca termina cuando termina. Renunciar a la voluntad de poseer y decidir en la noche fugaz. Ser regalo. Olvidar y olvidarse en el cuidado. Que un amor que es más que humano, no deja por ello de ser plenamente humano, si sabe guiarse con certeza de mapas invisibles.



sábado, 29 de septiembre de 2012

Rumbo al horizonte

“Ofrecimos el compromiso de la razón y la volición
a los cielos, a la tierra y a las montañas:
pero rehusaron cargar con él por temor.
El hombre, en cambio, lo aceptó,
siempre propenso a ser sumamente malvado,
sumamente necio.”
(Qurân 33,72)
 
“Yo creo que los que callan, lo hacen por
el destacado papel que desempeñan junto al Sultán.
Lo mismo que los alfaquíes universitarios a sueldo
saben que, si hablaran libremente, sería así cesados.”
(Abû Sara a su maestro al-Balqini)
 
 
 
El límite del umbral diferencia dos ámbitos, al separarlos. Al mismo tiempo es el responsable de disolverla en su transparencia, mostrando así lo que no es sino una única realidad. Quizá por eso río y mar gozan de salazones distintas, siendo una misma agua.
 
La humana inmortalidad no pertenece al aspirante a ser humano por derecho propio, mero postulante cándido que habrá de ganársela mediante el concurso acertado de los propios pensamientos y acciones (palabra y gesto).
 
Al alma fortificada (aquella que ya no necesita la exigua protección un ego espacio-temporal que termina siendo cárcel) se le otorgará así la experiencia de la Unidad que está más allá de la muerte. Rumbo al horizonte, gozará su nihil obstat. Resucitar es disolver, no traspasar, el umbral. Joan Manuel Serrat, sabio maestro, se hizo eco de su “dificultad”.
 
 
 
 

sábado, 15 de septiembre de 2012

Espejo olvidado

“Nuestro ser más íntimo aspira elevarse a lo universal,
obtener la gracia espiritual de la iluminación interior,
actuar así bajo su encantamiento.”
(Rene Guenon, Apreciaciones sobre la iniciación )

“...perch’io la veggio nel verace speglio
che fa di sé pareglio all’altre cose,
e nulla face lui di sé pareglio.”
(Durante, Paraíso XXVI, 106)

 

 


 

El ser humano contemporáneo rehúsa quedarse a solas, ya que tiene la incómoda certeza de que en ese estado de total aislamiento, está de todas las formas posibles ¡menos sólo!. Busca así, de manera compulsiva, lograr huir de la sobrecogedora presencia que presiente en soledad, buscando en vano refugio en el mundo efímero y evanescente de las apariencias, distraído, entretenido, disperso, extraviado, en olvido. Dando la espalda –como si fuera siquiera posible- a lo Eterno. Tememos el retiro que propicia el necesario encuentro más que a la muerte. Nada nos aterra más que la certeza de sabernos -a solas y oscuras- luminoso y concurrido espejo.
 
 
Un acceso –quizá accidental- al ámbito supra-racional de las ideas no-cautivas genera ya una huella indeleble de anhelo espiritual que ya nunca –por más que se intente- seremos capaces de olvidar. Quién saborea así tal grado de libertad está irremediablemente perdido, aprisionado en el psiquismo convencional. Descubre en la razón la más ensoberbecida forma de la locura. Su conciencia ordinaria se ha convulsionado, como la tierra por el rayo, por el irrefrenable estertor de quien acaricia siquiera la arquetípica piel del símbolo.
 
 
Nada vuelve a ser lo que era. O, mejor aún, todo comienza a cobrar su ser por primera vez, en la medida en que por vez primera se imagina sin impurezas ni herrumbre. El corazón envenado por las aguas del Leteo, deja dócil actuar el antídoto que le devuelve la mirada y, con ella, el recuerdo. ¿Qué importa que –debidamente pulido- permanezca escondido el espejo? El reflejo limpio devuelve fiel –ego, corazón y espíritu- cada cosa a su sitio. La luz a su origen. No se queda con nada. Quién ve lo reflejado, permanece ajeno al espejo.
 
 
Y Dios es el espejo en el que nos sabemos espejos. Encuentro.