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viernes, 11 de octubre de 2013

Invisible domador

“Quien atrapa sus sueños,
así los engendra.”
(Talmud)



Una vez que empiezas a erradicar los falsos memes que te fueron inculcados por quienes, de igual modo, los heredaron antes, ya no puedes parar. ¿Qué queda tras esa siega silente de falsas creencias? Aparentemente, una tierra yerma y desolada, pero al asomarnos al interior de la misma, siempre desde una mirada estrenada, esto es, atenta, natural y minuciosa, descubriremos una intensidad velada al exterior que se descubre destino, la del alma preparada para afrontar, con impasividad y grandeza, el abismal espanto del abandono divino. Sólo quien ha descubierto esta verdad dentro de sí, puede soportar el yugo de la corona.

Mientras tanto, tu vida no será más que una tortura de la que, en vano, intentas alejarte, una cárcel lúgubre e infernal, un inhóspito lugar plagado de una sucesión de incomprendidos golpes e imprevisibles sufrimientos, sucesión que no cesará hasta que “lo entiendas” y, de este modo, instantáneamente te liberes. Quien así carece de la intuición necesaria para enfrentarse al misterio desde fuera de sí, no merece poseerlo por ningún otro medio. ¿Hasta cuándo piensas regresar y regresar y regresar a la eterna e inhóspita escena, al rutinario, macabro y atormentado teatro de tu vacía existencia? Ten el valor de afrontarlo y, comienza lo antes que puedas la insoslayable siega. Arranca, arranca, arranca… empezando quizá por lo que crees saber de ti.



jueves, 10 de octubre de 2013

Asir y dar

“Perdido está quien siente que pierde.”
(Durante Alighieri, Vita Nuova)
 
“Para apresar la Verdad
es necesario antes romper la ilusoria mirada.”
(Ibn Arabí, Futuwah Al-Malakiya)



 


El estado carencial es connatural a la condición humana, nuestra vida es una cuenta atrás, un ininterrumpido sucederse de segundos irrecuperables, aunque, de manera paradójica, la conciencia de este hecho insoslayable nos sitúa en una ocasional mirada atemporal, una perspectiva de eternidad: somos un crucial y efímero transitar. Nuestro paso ocurre desde una voluntad única, inaprensible desde nuestro evanescente suceso vital. Conscientes o no del alto don recibido, realizados en lo humano y en lo espiritual o no, el tiempo necesario es limitado, instante tras instante se agota.


La conciencia en el obrar (teúrgia, sacrum facere) afirma nuestra confianza y honradez, alivia nuestra carga vital y nuestra preocupación en pos del servicio al próximo. Nada tan eficaz contra la propia tristeza como hacer reír a quién está apesadumbrado a tu lado. El tiempo que voluntariamente (conscientemente) dedicamos a los demás es sagrado, nos descubre sagrados, porque no actúa desde un yo interesado. Isaac fue finalmente rescatado, más no así Ismael. Nuestro tiempo no nos ha sido concedido para acumular sino para servir (sacrificar) conscientemente, esto es, sin ese aura de dolor y egoico desgarro que habitualmente nos acompaña.


miércoles, 9 de octubre de 2013

Grains of sand


“Necesitas ser zorro, para detectar las trampas;
pero también león, para espantar a los lobos.”
(Nicola di Maquiavelo, El Príncipe XVII)
 
“But, Mulder, not everything
is a labyrinth of dark conspiracy,
and not everybody is plotting
to deceive, inveigle and obfuscate
our weak minds.”
(Scully, X-Files)

 
 

Es necesario asumir el escenario de la esfera pública mediática, donde tiene lugar la batalla por el poder sobre la polis, allí donde primero se maquina y luego se practica la estrategia de dominación del prójimo, manteniendo la propicia estructura temida bajo coerción y la superestructura consentida por seducción. Las narrativas que rodean a los dominados desde el nacimiento, favorecen el que “el vulgo” entienda que su condición es destino, y no albergue así, tentación alguna de imaginar rebelarse sino, por el contrario, resignación, normalidad y sentido común, que son las que mejor configuran el actual y rimbombante  espectáculo ideológico de la realidad asumida, bien por miedo, bien por consentimiento.

 
¿Resulta posible escribir y “protagonizar” el propio relato vital? Igual que ningún idiota tiene conciencia de serlo, todos pensamos que somos libres, al menos, de pensar lo que cada uno quiera y de entender, a su manera, la complejidad del mundo… libres en conciencia. Los dispositivos políticos totalitaristas se construyen repitiendo hasta la saciedad eslóganes que sean razonables y favorezcan las agregaciones subalternas y, no digamos, las transversales, allí donde hacer política significa siempre acumular más poder. Quizá basten dos o tres caras –rostros políticos- cuyo discurso enganche con el sentir general de indignación y promueva una simpatía social arrolladora entre el voluble magma de las masas, frente al que no cabe contrapoder ni insurgencia posible: Quien mueve al pueblo (demagogia), mueve el poder.

 
Todos tenemos idéntica capacidad para destruir como para construir, tanto hacia el bien como hacia el mal, inclinarse hacia el grupo más numeroso o, al menos, hacia el más fuerte, en la defensa de los más lícitos intereses: los propios. Ese es nuestro absoluto potencial. Elige, pues, dirección y avanza siguiendo ese péndulo, confiando antes en las propias fuerzas que en las intrigas ajenas, pues, como señalaba con acierto en un ejercicio íntimo de respetabilidad, libertad y decencia, el diplomático y funcionario florentino que corona esta reflexión, “los hombres olvidan antes la muerte de su padre que la pérdida de patrimonio.”



jueves, 3 de octubre de 2013

Intima amistad

“La esfera de mi alma, encerrada bajo la del cielo,
la del mundo a su vez guarda.”
(Salomón ben Gabirol, La Fuente de la Vida)
 
“Lo esencial es que quién alcanzó el poder
demuestre que merecía ejercerlo.”
(Marguerite Yourcenar, Memorias de Adriano)

 


 
 
¿Qué necesidad hay de querer volar hacia las esferas? Basta quizá con dejarse encontrar por el alma de un maestro en la Ciencia del Amor, capaz de alejarnos de nosotros mismos, de vaciarnos de nosotros mismos y llenarnos así del Amado. Alguien humilde como el polvo, fluyente como el agua, con la virtud de iluminar nuestra alma hasta hacerla resplandecer de Su luz.
 
Quizá solo se trate de un compañero de ruta, un testigo, un amigo cuyo reflejo nos permite adentrarnos en el propio interior si cabe un poco más adentro, avivando en nosotros la llama del Amor y liberando los necesarios obstáculos que preceden al íntimo Encuentro. Entre la contracción del alma a su expansión, un largo trecho te lleva del desfallecimiento in Absentia al gozo in Presentia. El silencioso aliento de la intimidad real. El sendero.
 
 
 

domingo, 22 de septiembre de 2013

Perlas de Indra

“Los dioses que rigen la vida son los metros:
todo se sostiene aquí y ahora gracias a ellos.”
(Rig Veda)
 
“La trama sobre la que todo se teje
(incluso el akásico campo escalar)
es la medida, verdadera sílaba divina.”
(Yajnavalkya, Shatapatha Brahmana)

 


Si la felicidad es tan contagiosa, como ahora dicen, rodearse de personas felices aumentaría considerablemente nuestra probabilidad de contraer tan fatal enfermedad y mostrar así sus perversos síntomas: la sonrisa natural, la perseverancia, la capacidad de encontrar el lado positivo a cada situación y celebrar los pequeños triunfos cotidianos, el gusto por los placeres sencillos, por hacer el bien y ayudar al prójimo desconocido, dejándose llevar por la buena música y las conversaciones de corazón a corazón, donde escuchar al otro significa desconectar del torrente dominante y detenerse a bucear en su mirada con la nuestra, desde un mismo y único espíritu, caminando, riendo y soñando en un sendero de vida compartida.

Ya no sería necesario ver películas tristes, comer carne roja, pelear con nuestros músculos hasta caer rendidos en el gimnasio, viajar en metro o tener que pensar siquiera en nuestra condición mortal nunca más. Si la felicidad fuera tan contagiosa, podríamos tener incluso la alucinación de encontrar un Buddha en el camino y, como señalan los sabios Zen, tendríamos que armarnos de suficiente valor para... matarlo. Después de todo ¿quién quiere ser esclavo de su felicidad?

 

 
 
 
 

El grito de Isfendiar

“Tus garras no pueden hacerme mal alguno,
Ghuleh, aunque amontonases montañas de hierro.
Vuelve a tu forma real y te hablaré con mi espada.”
(Firdusi, Sha Na Meh)

 




 
 
Muerto ya sobre su trono y apoyado aún sobre su cayado, los genios a los que esclavizó la magia de Salomón y que no fueron encerrados en vasijas lacradas con su sello, aunque presumían de conocer lo oculto, siguieron trabajando dóciles y atemorizados. Sólo cuando la carcoma deshizo el cetro real, fueron conscientes del macabro engaño.

La nobleza diabólica de estos príncipes, duques y reyes encadenados por el lazo invisible de su soberbia era, pues, de pacotilla. Qué fácilmente supo ver el Sabio que tras la aparente genialidad se escondía una debilidad cuyo potencial supo aprovechar en la construcción del reino. La fuerza del conjuro no era sino la de, ars goetia, conocer el nombre-lazo.

No importa la camaleónica forma que adopten, si tu oración no extravía su atención e intención. No te distraigas. Velar… velar lo es todo.

 

miércoles, 21 de agosto de 2013

Adaptarse o ¡morir!

"Suele perdonárseles la vida
a los que mejor se adaptan."
(Charles Darwin)

"La vida de un verdadero mago
siempre corre verdadero peligro.
Mejor suerte, empero, la cabe a su alma."
(Myrddin Emrys, Memorias)




Desde que puede constatarlo la actual historiografía oficial, ningún hombre que viva en sociedad, inmerso en determinadas relaciones de producción, ya sea como amo o como esclavo, –también hoy- está desprovisto de ideología, una ideología que, adopte la forma que adopte, sirve a la realidad socio-económica dominante. Son escasos quienes, a lo largo de las distintas eras humanas, logran desprenderse del yugo socio-económico ideológico de su época y viven para contarlo. Esos pocos “extra-legiados”, capaces de resetear el sistema bajo el que fueron amaestrados (educación) y empero sobrevivir son quizá los únicos que merecen verdaderamente el apelativo de humanos. Yo, para evitar confusiones y malentendidos perniciosos, prefiero llamarlos magos.

Las clases dominantes, situadas con el beneplácito de las élites extractivas, suelen ser bien conscientes de la necesidad de aggiornamento y “adaptar la ideología” para garantizar así la ahora y siempre conveniente materialización de sus ancestrales intereses. La obsolescencia ideológica perjudica pues peligrosamente la funcionalidad: “Es necesario cambiar cada cierto tiempo algo para que nada de lo importante cambie”. Estos cambios, suelen ir de la mano de las nuevas relaciones de producción. La pujante tecnología, muy alejada del embrión industrial que alumbró en el siglo XVII y dio sus primeros pasos un siglo después, hace necesario un cambio ideológico, ya bautizado como Nuevo Orden Mundial en el área latina o como “New World Order” en el área angloparlante, o como Concilio Vaticano III en los Estados Pontificios.


El mago, de ayer, de hoy y de pasado mañana, debe reconocer la metamorfosis del “nudo” para mantenerse liberado, por lo que “librarse hoy de lo tecnológico” significa “moverse como pez en el agua por lo tecnológico”, para esquivar la “salvaje red mundial” que pretende atraparlo, distraerlo o atrofiarlo. Quién capta el “nudo” bajo el renovado disfraz, entiende cualquier profecía. Te has preguntado alguna vez ¿a quién pertenecen “las ideas, creencias, valores, gustos, fobias y filias” que hoy pueblan tu mente? y ¿por qué trabajas en lo que trabajas? (Si aún trabajas). ¿Qué ideología es la que “te tiene”? ¿A qué predicado estás indisolublemente sujeto? ¿Quién se adueñó, entretuvo y así exprimió el "tes-oro" de tus "oras"?




martes, 20 de agosto de 2013

Tarde o temprano


“No mintáis ni hagáis lo que aborrecéis...”
(Dídimo Judas Tomás, 5)




Cuando un grupo humano, sociedad o civilización planetaria subsiste asentada sobre un compendio institucionalizado de mentiras, mantenido a la fuerza por un complejo sistema de adoctrinación y dominación industrial-militar, lo más temible para todos aquellos quienes se encuentran a la cabeza de dichos sistemas es la verdad. Una verdad que no puede ser patentada ni oficializada, pero tampoco escondida eternamente ni mucho menos destruida. Todo aquello construido sobre la mentira, por más que ostente el marchamo de ciencia (sin serlo) amenaza ser truncado y “puesto en evidencia”, tarde o temprano, por la verdad.


La historia “oficial” del devenir humano no tiene reparos en reconocer los denodados esfuerzos de aquellos pasados grupos humanos, sociedades o civilizaciones planetarias asentadas sobre un compendio institucionalizado de mentiras por corromper y diluir la verdad, pues, de cuando en cuando, esta tiene la impertinente tozudez de aflorar una y otra vez, allende la ruina dolorosa de los imperios y tantas vidas segadas en nombre de la “mentira oficial” y sus “canónicos textos”.


Tozuda es la verdad, que, siempre (desde el origen de los tiempos) tradicional, se abre camino y preferencia genes sobre memes, descubriendo en los primeros un potencial espiritual capaz de trocar personas corrientes, del montón, por el cultivo del alma, en ángeles y “angelesas”, contrarrestando el hipnótico virus de la “normalidad”. Más, ¿cómo cultivar aquello que, siempre desde la “ciencia oficial”, resulta una perversa entelequia? ¿Quién miente? Dejemos que, como siempre, decida la verdad. ¿Algún candidato a ángel o “angelesa” a la vista, para refutar el dogma?



sábado, 17 de agosto de 2013

¿Enemigos del Islam?

“Escondidos tras los ecos de palabras vacías,
no sucumbáis a la fuerza de la costumbre.
Sed lámparas encendidas con aceite real.”
(Yekutiel ben Isaac)





Someterse a la verdad no significa confundir esta verdad con ninguna de la formas en las que dicha verdad se expresa y no digamos ya con ninguna de las interpretaciones que, de tales formas, pueda haber sido realizada en el pasado, en el presente ni en el futuro. Allí donde lo real se revela diverso, la rigidez y el monolitismo significan alejamiento. Es la diversidad una perenne invitación al encuentro desde la fraterna irrealidad que somos, desde nuestro reconocimiento como evanescentes reflejos, destellos que no se aferran ni tratan de permanecer en la mágica iridiscencia del aquella superficie espejada que les otorga pasajera forma.


Someterse a una verdad inasible es renunciar a dejar huella, llamar a todas las criaturas a despertar una conciencia de precaria vacuidad. Un despertar que involucra la simultaneidad de todos, de todo en el desvanecimiento ante lo real. Inútiles aquellas palabras que encienden el recuerdo de la ausencia, que impregnadas de su perfume, no hacen sino volver mucho más denso el innecesario velo. ¿Qué necesidad tiene de protección lo real? ¿Quién cree posible protegerse de lo real? ¿Quién se cree con derecho a acallar con palabras su silenciosa voz? ¿Quién se interpone? ¿Qué puede ser más necesario? ¿Quién osará negar que esto fue escrito y leído? ¿Quién recordará haberse distraído, haber olvidado, una vez más, someterse a lo real?



viernes, 16 de noviembre de 2012

Virus y veritas


“En todas las cosas
la nivelación es la muerte.”
(Upanishads)
 
“La vibración del sonido sagrado
evoca su experiencia.”
(F.A. Wolf)

 



Quien se protege tras la mentira, pugna por legitimarse como administrador absoluto de la verdad general y recela del dogma foráneo tautológico: aquel que se legitima ante la mirada desprovista de prejuicios por sí mismo. No es bueno que nadie tenga acceso por sí mismo a la cruda realidad, allí donde lo amargo es amargo y lo dulce no necesita ser, en modo alguno, edulcorado. Nadie puede observar la realidad desde fuera. Campos de conciencia cuántica, cada parcela de verdad siempre nos alude de forma irremediable, somos fundamentos necesarios de la realidad y su autoconocimiento, fuente de su complejidad esencial y sobre estructural. Todo y parte de ese mismo todo a un tiempo. Holón. Sistema vivo.

 
Desde los virus endógenos insertados en nuestro genoma a los que junto a las bacterias se asocian y organizan en el interior de nuestras células, esa delicada red bioquímica teje la vida y autoconciencia que somos. La simplificación mecanicista, reduccionista y competitiva del darwinismo ramplón es una mentira bien calculada y protegida desde la perversidad interesada. No sobrevivimos porque competimos, sino en la medida –y sólo en la medida- en que nos asociamos y colaboramos. La vida es cooperación orgánica entre lo orgánico y lo que aún entendemos como inorgánico. No parece que haya funcionado nuestra estrategia de mantener un aséptico bunker a salvo del “ecosistema hostil”. La vida es regulada sepsia.

 
Allí donde la torpe mirada darwinista ve un agujero de madera podrida en el enfermo árbol "desadaptado", otra mirada descubre una estrategia cooperadora para invitar y brindar refugio a las ardillas, hábiles diseminadoras de su semilla. Quizá, como sostiene Máximo Sendín, sería bueno que aun podamos recuperar una visión holística de nuestra delicada complejidad y volver a recuperar así la sabia naturaleza -y su vivificante savia- para las improbables generaciones venideras. ¿Nos dejarán?
 
 
 

jueves, 15 de noviembre de 2012

Vidas de saldo


“De no cambiar de camino,
llegarás a destino.”
(Confucio)

 
 

Aunque también, cada uno de nosotros es mucho más que lo que hace, aunque eso sólo sea esa mínima parte la única que verdaderamente se demuestra. No conviene confundir acto e identidad. Uno, cuando es, es al mismo tiempo todo lo que puede ser: la potencia proviene del recurso disponible, sea este o no demostrado. No todos, a lo largo de su breve historia, tienen ocasión plena de mostrar su unicidad, su diferencia, lo que verdaderamente los diferencia del resto de seres humanos. Personas que, al menos en público, se muestra tan discretamente anónimos como el que más. Resultan vulgares –hay tantos como ellos- en su estrategia de supervivencia silente, en su mezquino ocultamiento. Hay tanto necio egoísmo, valga la redundancia, en su normalidad impostada, en su ausencia de significación. Hay tanto miedo, disfrazado de prudencia, hay tanta displicencia cobarde. Con tal de seguir “sobre-muriendo”, se venden por tan poco… ¿Vale vida sin humanidad?

Parece que si. Un verdadero chollo. Restos de naufragio a la espera de naufrago. Desechados instrumentos.
 
 
 

domingo, 21 de octubre de 2012

El vizconde, el barón y el caballero


"Todo reino dividido contra sí mismo, queda asolado.
Toda ciudad dividida contra sí misma,
ha llegado a su fin: no podrá subsistir.
Para saquear una casa, es necesario atar antes
(o distraer) a su propietario."
(Mateo 12, 25-29; Marcos 3, 24-27 y Lucas 11, 17-22)
 
 
"Fac et excusa. Si fecisti, nega. Divide et impera."
(Inmanuel Kant, Zum ewigen Frieden, 1795)
 
 
 

 
En 1884 Albert Pike ya se hacía eco de que, en toda institución, sus miembros tienden, por inercia, a formar subgrupos de interés mutuo y advertía de que si estos mini lobbies no se controlaban debidamente, podían llegar incluso a amenazar de un modo letal e irremediable la propia supervivencia del marco institucional.
 
Vivimos en una curiosa época, en la que da la impresión de que, en permanente batalla de egos sordos y vanidosos, todo el mundo se esfuerza en demostrar más ingenio que su vecino, por lo que no está de más recordar una de las trolas más eficaces del periplo humano, que Sima Qián supo trocar en "historia veraz" y, como tal, ha perdurado hasta nuestros días: la invención de Sun Tzú.
 
Tan eficaz fue la trola, que dicho autor figura en todos los manuales de inteligencia y estrategia militar que son utilizados en la actualidad. La eficacia militar y la silenciosa y permanente guerra a la que sirve, se asienta sobre una tremenda mentira, sobre la fuerza del fingimiento.
 
En verdad, la mentira es un recurso excepcional para decir la verdad. Me atrevo incluso a afirmar que se trata del mejor de todos ellos. Los arcontes han caído así en la trampa del timador timado: sólo puede engañar quien conoce la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, una verdad incontaminada. El engaño se sostiene toda vez que esta verdad sea mantenida, a cualquier precio, en el más absoluto de los secretos. Atento. No te escindas. No caigas en la trampa del pensamiento divergente. Céntrate y no distraigas. Que empieza.
 
 
 

 

domingo, 2 de septiembre de 2012

Keter Elión


“Así, al ocultar tu rostro,
también nos salvas.”
(Isaías 45, 15)

 




Así como nosotros ocultamos nuestro quehacer visceral bajo el saco epidérmico, y este último aparece protegido del pudor y los rigores invernales bajo varias capas sucesivas de mudas, atuendos, mandiles, galones e insignias, de igual forma el núcleo esencial de la realidad se oculta en la condensación jerarquizada de los mundos en sucesivas miríadas de planos y formas que muestran su rostro público a la mirada extraña. No los necesita la mirada íntima, que sabe cuanto se oculta bajo ese universal manto y conoce la estructura y sus entrañas.

 
Ni siquiera los amantes penetran los húmedos y oscuros recodos perfumados de la epidermis, abiertos tan sólo a la mirada experta y benefactora del cirujano o a la más aséptica del forense, aquietado el cuerpo, ya sin pasión, por la anestesia latente o definitivamente detenido por la muerte. No basta la perspectiva anatómica, hace falta vivir en el cuerpo, habitarlo durante el breve lapso de una vida, para saber qué alma guarda dentro y lo permea todo. Igual ocurre con el Anima Mundi, campo escalar que misterioso impregna el conjunto de universos.


Pero de los diferentes tipos de potencias o facultades y vitalidades contenidas en la esencia intrínseca del alma entera, cada uno de los órganos del cuerpo recibe el poder y la vitalidad asignada a éste conforme su capacidad y carácter — el ojo para ver, el oído para escuchar, la boca para hablar, etc. Así, la manera en que los diversos órganos corporales expresan y manifiestan facultades diferentes no se debe a un alma diferente, o parte del alma, inherente en ellos, sino que dependen de ella merced a su propia capacidad y composición diferente, igual que la luz, sin perder su propia esencia clara y lúcida, ilumina de un modo distinto las diversas estancias ocultas y escondidas de una casa.

 

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viernes, 24 de agosto de 2012

Desde donde el mundo es templo


“Siendo pobre en la posibilidad de mi riqueza
¿cómo no habría de serlo en mi actual pobreza?
Ignorante en la posibilidad de mi sabiduría,
¿cómo no habría de serlo en mi actual ignorancia?”
(Ibn Ata-Illah)
 
“Salvo quienes obren y caminen desde la certeza,
salvo quienes se recomienden entre sí verdad y paciencia.
Los demás… perdidos.”
(Qurân 103)

   

 

 

Lo que no parecen sino hechos inconexos, azares fortuitos, plural absurdo de la irredenta multiplicidad, fatalidades que se agotan y encuentran su límite en los respectivos egos infinitos, todo aquello que no parece sino caos, digo, conforma una coherencia tan sutil como la que se aprecia al atravesar el umbral de todo recinto sagrado. Cada cosa está dispuesta en función de un único propósito: nuestra total desaparición. Al igual que durante el periodo comercial de rebajas, se aspira a una liquidación total del stock egoico, así disuelto en la parsimonia coagulante de la unidad.

 

El gesto natural de quién se da cuenta de ello es la de volverse al humus, la de recogerse humilde en la prosternación, la de saberse “polvo y ceniza”, la de reconocerse evanescente reflejo en el espejo del mundo a merced de Su mirada. Dicha humillación es la “experiencia”. Incompatible con las infinitas formas de orgullo espiritual que pueblan logias, sinagogas, basílicas, mezquitas, resorts new age, dojos y ashrams.

 

Por más que estén de moda, no hay eco ni en el simulacro de amor, ni en la espiritualidad impostada, ni en la mal disimulada soberbia. Se requiere el saldo, se hace necesaria la propia rebaja, el total obsequio desinteresado. Es precisa aquí la liquidación total. Quién verdaderamente Te conoce, ni reposa en tu gracia ni desespera de Ti en la adversidad. Ardua es ciencia de la paz. Pero donoso su escrutinio. El aquí y ahora hechos templo, dicen que saborea el que sabe.



lunes, 20 de agosto de 2012

Sinestesia metafísica

“Quién quiera lograr todos sus deseos en este mundo,
sólo tiene que comprender qué significan nombres como
Elijé, Ia, YHVH, Adonai, Él, Elahá, Elohím, Shadai y Tzebaot.”
(José Chiquitilla, Puertas de Luz)



Resulta bien divertida la posibilidad que conservan ciertas personas (ya que todos nacemos con dicha capacidad) de ver sonidos o saborear imágenes. También resulta divertido jugar a pensar que el universo puede llegar a ver, a través de nuestros ojos, oír, por nuestros oídos, palpar a través de nuestras manos o, aún mejor, ser consciente gracias a nuestra consciencia. Funciones y sentidos se intercambian en una amalgama tan fructífera como desconcertante.

Siempre me resultó inquietante el empleo de los tres verbos “divinos” en hicieron posible (y aún hoy hacen) el comienzo (bereshit) del universo del que actualmente formamos parte: Principiar, decir y ver “con bondad”. Antes que cualquier otra función se da un intención creadora, una expresión verbal de dicha intención, cerrando todo el proceso con una mirada que verifica el ajuste entre la intención creadora y lo verbalmente creado. De alguna “forma”, parece como si todo pre-existe en el modelo de esa intención, y es creado a partir de la idea (imagen previa) de dicho modelo. Lo interesante llega cuando te das cuenta que términos como “forma”, “idea”, etc. tienen también su pre-existente. Surgen de una “nada” intencional que primero habla y luego mira lo “formado” tras la palabra.

La palabra tiene un poder evocador. El nombre de la persona que amamos (que no se parece en nada –mera onda sonora o contraste visual- a dicha persona) posee un mágico lazo que nos la trae: evoca su presencia, arrastra con él nuestros actuales sentimientos hacia esa persona, e incluso otros más remotos. Todo cuanto nos podemos representar “tiene nombre” aunque este nombre no siempre está formado por sonidos o palabras. Puede tratarse de un sabor, un aroma, un sentimiento, un cromático atardecer de plenitud… o una delicada amalgama de indescriptibles matices y sensaciones que son el “nombre” de aquel momento que nos ocurrió porque asistimos como sus “benévolos” testigos. De algún curioso modo, parece que se creara para nosotros.



lunes, 18 de junio de 2012

Ne scire


“Recién despierta, no puede mirar del todo las cosas brillantes.
 Hay que acostumbrar, pues, al Alma a mirar por sí misma.
 (Plotino, Eneádas I, 10)

“La alegría perfecta excluye el sentimiento mismo de la alegría,
pues en el Alma colmada por el objeto
no hay rincón disponible para decir: yo"
(Simone Weil)







Una ciencia que preferencia lo aparente frente a lo real, que confunde sensible con sentido, magnitud con medida y correlación con control, no puede ser sino tachada de alucinatoria. Sólo bajo un estado de conciencia delirante puede llegar a creerse la falacia que dependencia tecnológica y potencial humano son conceptos ligados, un espejismo materialista del que ya hicieron gala estoicos y epicúreos, incapaces de asimilar la identidad entre incorpóreo y real, que la forma provenga de lo informe, y el acto de la vacua potencia. Parece de sentido común la precedencia lógica entre inteligencia y materia. Pero el sentido común no abunda tanto como pretenden hacernos creer las herramientas “estadísticas”, tan infectadas de medias, modas y perversiones típicas como pueblan –metastizan- el cáncer terminal del Estado.


La conciencia creadora ha de ser necesariamente anterior al Universo creado. La conciencia de lo creado, parte necesaria de este creado Universo, guarda una mayor proximidad a la fuente. Antes y después, causa y causado, espacio y tiempo en su idéntica relatividad se reúnen, toda vez que sepas verlo con claridad. No te obstines en el “ne scire” de los necios. Deja que la verdad abra tu mente, para que puedas así verla “cara a cara”. El espacio imaginal carece de espacio y, por ende, de tiempo. ¿Dónde y en qué momento cabría la osadía de tratar situarlo? ¿Cómo hablar de aquello que precede a todo “discurso” y es además su fuente? No se puede hablar del Alma, cuando no es sino ella quien habla, previa al logos, tras la palabra.


No le perdonaron a Sócrates el agravio comparativo de su lucidez, los que presumían de saber, y en el ágora se ponía de manifiesto que no sabían tanto. ¿Cómo entonces justificar las abundantes dracmas con que habían de dotarse los pingües salarios? Difícilmente. No creo en la ciencia que se utiliza para recortar los presupuestos de una ciencia en la que tampoco creo. Perdónenme: soy bastante escéptico. Y al serlo, “creo” estar en lo cierto. Tropel enajenado que dicen actuar y “recortar” enarbolando la razón. Psicópatas deshumanizados abducidos por el “ajuste presupuestario”, que llaman a la codicia “inversión” y a la usura “deuda honesta”: ¿A qué esperan? ¡salgan corriendo! ¿No han tenido ya suficiente Circe y sobredosis de Calipso?




viernes, 15 de junio de 2012

Colapso inminente

"Ojalá la riqueza no os abandone, efesios,
para que con ella podáis algún día comprender
vuestra maldad.”
(Heráclito de Éfeso, 125a)

“Las ventas dependen del posicionamiento,
y el posicionamiento no es sino imagen.”
(José  Manuel Díaz de la Lastra)






Nuestra des-civilización pasará a la Historia como aquella donde se dio con mayor intensidad la paradoja de convivencia entre un altísimo desarrollo tecnológico, que facilitó de un modo prodigioso nuestra paulatina –y quizá irreversible- deshumanización y el más abyecto y superficial positivismo rampante, paradoja anticipada en la expresión guenoniana del “Reino de la Cantidad”. Eso, en el benévolo supuesto de que aún quede algo que se pueda llamar Historia, y no mero “amañe historicista”. No cabe suponer que se consienta la pervivencia de ningún vestigio que escape a la manipulación, instrumentalización y control, en último término, a la cuantificación, del dígito. Tal destino es el que presuponemos al término Alma.



En su etimología griega, el Alma se considera equiparable a una grácil mariposa, tan llamativa como inasible a la mano torpe, inexperta. Anhelo escurridizo pero persistente, brutalmente desdeñado por la apisonadora del siglo que no entiende más conocimiento que el informativo, más eficiencia que la técnica, más pasión que el espectáculo y sus “subidones”, más virtud que la instantaneidad monetaria.





Como sostiene mi admirado Félix Rodrigo Mora, nociones clásicas como las de virtud, verdad y libertad han sido extirpadas del diccionario, ya que son incompatibles (enemigas) con la ideas opresoras predominantes de capital (interés, propiedad) y estado, de ahí los ingentes esfuerzos y recursos dilapidados en debilitarlas, hasta acabar con ellas. Vano afán, a mi modesto entender. Virtud, verdad, belleza y libertad, son todas arquetipos eternos, tan fecundamente humanizadores precisamente por su carácter sobrehumano esencial. En la “jerga” de nuestro numantino héroe particular: “cualitativo”. De ahí su peligro subversivo para todas aquellas intenciones “nadificadoras” de lo humano.


Corren buenos tiempos para tantos utilitaristas simplificadores, que reducen belleza y felicidad al quantum fisiológico subjetivo, en manos de las analgesias y ansiolíticos farmacéuticos, ahora que la sabiduría se mide en número de “ventas” en los grandes almacenes. La receta de Félix ante la sinrazón de los tiempos la toma de Simone Weil: Ayuno, silencio, contemplación de la belleza natural… y lo más revolucionario de todo, esfuerzo de convivencia desde el servicio desinteresado. No hay prisa. La Historia sabe esperar. Tarde o temprano aparecen sujetos de calidad, de la talla de Sócrates o Félix, dispuestos a traernos generosos la frescura y novedad perenne de los clásicos. Siempre ocurre. Lo demás, papel mojado, fiebre, sobresalto, post, noticia.



martes, 12 de junio de 2012

Flame


“Hoy en día la  política sigue siendo el arte
de generar situaciones violentas de abuso contra el pueblo
que hagan necesario el uso de los medios de la guerra.”
(Renè Girad, Clausewich en los extremos, 2010)


"El mejor modo de encubrir intervenciones estratégicas
es bajo el paraguas internacional de humanitarismo:
nada tan conmovedor como la tragedia humana.
La defensa de nuestros intereses estratégicos
frente las amenazas de terceros puede llegar a exigirnos,
aunque siempre de un modo encubierto,
el necesario deber de provocarla."
(Enrique A. Besante, Los escollos de Siria, 2012)




Vivimos tiempos de extrema violencia, mitigada por la necesaria distracción que ejercen los medios de comunicación, encargados de mostrar "la realidad" que conviene a los intereses económicos que los sostienen y respaldan, para mejor manipulación y control de la "opinión" y -sobre todo- la "insumisión" popular. El fluido social ha de ser convenientemente canalizado para que sea útil y no se desborde. A no ser que convenga lo contrario, claro.


Carl von Clausewich, estratega clásico de la confrontación moderna, sostenía que la guerra era cualquier acto de fuerza para doblegar la voluntad de nuestro adversario en prevalecimiento de la nuestra. En ella, decía, se ponen en juego tres factores esenciales:


1. El egoismo mezquino de los intereses oligárquicos que sostienen el gobierno.
2. La racionalidad militar para estimar la probabilidad de tomar las mejores decisiones que alteren a conveniencia el cálculo del equilibrio de fuerzas.
3. El odio irracional de los pueblos, que ha de ser potenciado y alimentado hasta alcanzar umbrales de violencia animal.


No hace falta grandes dotes intelectuales para saber cuál de estos tres factores es el más frágil y complicado de manejar, hasta el punto de que se vuelva contra los otros dos. Estamos ante una de esas ocasiones en que la sobre-extensión de la tragedia humana parece conveniente a los intereses de unos pocos, de ahí que resulte, de todo punto, imprescindible, necesaria. ¿Vamos a consentirlo dóciles? El egoismo alimenta el odio y lo gestiona con el cálculo. Comienza el juego. La suerte está echada.