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domingo, 10 de febrero de 2013

Máscara y ceniza



"Con ese amor
entrarás en el Jardín."
(Muhammad)
 
 
 
 
 
Lejos de lo que el común suele pensar, el Carnaval, vivido en serio, resulta una experiencia brutal y aniquiladora que nos conduce a los límites de lo humano: el desenmascaramiento que descubre bajo el oropel de la máscara, la esencial ceniza. Es necesario tener la valentía de desprenderse de la máscara para deshacer los nudos que nos impiden reanudar el camino de regreso y, desde el estremecimiento, desleír la aparente solidez de las certezas sobre las que un día fingimos habernos edificado, destruir los andamios que otorgaban consistencia a la nada, denunciar la desnudez del emperador, caerse del guindo…

El desenmascaramiento precede a la Verdad. Es un cambio radical en el que cada uno descubre que no puede seguir mintiéndose bajo una vida disfraz, que se hace obligatoria la necesidad de desapego al actuar, de mostrarse verdaderamente sinceros, ya sin miedo al precio, desde nuestra rectitud de intención.

Aprender a caminar entre los escombros y las ruinas de lo que creímos haber sido, sin dioses que resistan permanecer en el sancta sanctórum, desvalijada la cámara del tesoro, profanadas las heroicas tumbas: fértil polvo, sabia ceniza, serán todo el sustento de tu renacida gloria.
 
 
 


miércoles, 30 de enero de 2013

Trampa divina


“Partí así en pos del Templo
llevando por báculo la entrega,
el esfuerzo por lecho y la certeza por todo alimento.”
(Ibn Arabí, Futuhât 367)

 

 
 
Todo proceso de ascenso conlleva un necesario desprendimiento de lastre en el que el viajero abandona, así muriendo, sus ataduras, para alcanzar ese recóndito lugar, equidistante de los límites del universo, que mora en su corazón, acompañado de la más certera guía.


Allí donde la compasión tiene siempre la primera y última palabra, no hay otro destino que la felicidad. Allí donde hay espíritu, hay necesariamente vida. Sólo se debe confiar en el sabor de la propia experiencia, espejo divino que nada excluye desde la posibilidad infinita de lo real.


El más portentoso de los viajes no transcurre sino en el corazón del viajero, en cuyo sereno silencio se deja Dios atrapar, en reposo enamorado, para allí morar. Es entonces cuando al fin descubres que con la ansiada llegada, no termina la aventura, apenas se ha cubierto siquiera la mitad del extraordinario viaje que todos, sin distinción, heredan.
 
 

 
 

domingo, 20 de enero de 2013

Bios eleutheria

"Shôji no naka no
yuki furishikiru."
(Santôka)






Más allá de las necesidades de nuestro soma hieron, tiene lugar una mirada curiosa e inquieta, que goza de llegar a la esencia de las cosas de una manera limpia y luminosamente, esto es, sin el artificio de las palabras.

Nuestro anhelo pretende desmontar suavemente los sólidos e intangibles muros con los que el ardid del lenguaje encarcela ahora sutilmente nuestra experiencia de lo sagrado, esto es, del mundo. Habremos de operar en esa delicada tarea lentamente, con suma atención y cuidado, para evitar así su posible colapso o ruina.

Paradógicamente, se requieren palabras para desvirtuar la perversidad que anida en la palabra vana, aquella que procura al alma, con el falso consuelo de miedos y esperanzas inalcanzables, el mortal olvido de sí. Un alma capaz de saborear la alegría y la tristeza, la serenidad y el dolor, la solidaridad y la dominación.

Modular nuestro aliento para sembrar y hacer crecer el horror, la mentira y la ignorancia sólo puede interesar a un mal demasiado frágil, toda vez que sabes (conoces en ti) su secreto. Para erradicar del alma el miedo a la Vida, para terminar con la resignación a deshumanizarse, para despertar en ella una libertad solidaria, tomo por última vez la palabra.