domingo, 23 de junio de 2013

Samsara

“Acabaremos erosionando cada soberanía nacional,
pieza a pieza, de abajo arriba, agitando a las clases medias-bajas,
generando todo tipo de revueltas y confusión general (primaveras).”
(Richard Newton Gardner, Largo camino al nuevo orden 1974)

“No hay dos.”
(Plotino, Sexta Enéada IX, 10)




La experiencia de la no-dualidad entre el observador y lo observado posee, para quién ha tenido la fortuna de participar de ella, una mayor nitidez y realidad, que la conciencia de dualidad, mucho más de andar por casa. Así, quien no se distrae ni entretiene en la inagotable caterva de agitamientos y conflictos, aparentemente externos, se sabe uno con ellos: absolutamente inmerso, participa así de lo real. Ello también incluye las burlas y ataques que produce/recibe. Una vez más, redundamos en el aserto explícito, no le des más vueltas, mal que te pese: “Eso eres tú”.



sábado, 22 de junio de 2013

Inevitable imposibilidad

“La probabilidad misma de la vida en el universo
es una imposibilidad teórica”.
(Nima Arkani-Hamed)




Por más que nos guste paladear la idea de que la totalidad de nuestro universo, incluidos cada uno de nosotros, es armónico, no cabe desestimar en modo alguno el que ciertas leyes actúen con personalidad propia, de forma arbitraria, esto es, caótica. De lo cuál se deduce, con las armas de la “física actual” que nuestro universo es una hermosa anomalía, una suerte de aberración imposible, al menos en teoría. Por mor de defender la verdad, Higgs nos ha metido en un buen lío. Con lo bien que estábamos, tan confortablemente equivocados, confiando en Telepizza y en lo de que dichoso “el secreto está en la masa”.



viernes, 21 de junio de 2013

Onírica noche estival

“If we shadows have offended,
think but this, an all is mended,
that you have but slumber’d here
while these visions did appear.”
(Puck)




Fuera aparte que este día sea el contrapunto anímico del más triste del año (21 de enero), el periodo comprendido entre el 21 y 24 de junio aparece intrínsecamente ligado a la presencia de fogatas purificadoras que multipliquen la predominancia solar que caracteriza estos días: resulta duro asumir que hasta los astros, en el surco de crecimiento y decrecimiento aparente sobre el horizonte, tienen también sus límites.

Todo cuanto nos ocurre en la noche, incluso velar y estar despiertos, incluso soñar, sucede siempre como en un sueño. ¿Soñamos que soñamos? ¿Es quizá, el de los muertos, un sueño permanente en el que, ignorantes de su condición, sueñan vivir un sueño? ¿Qué puertas abre misteriosa la noche –y su sueño- y hacia dónde nos conduce el atravesar al otro lado de su onírico espejo?




Adentrarse en el conocimiento del mundo porvenir y en la dimensión mágica (líquida) de la realidad, reducir la incertidumbre del propio destino, abrir sin permiso el apolíneo oráculo, no es algo que debiera quedar, en modo alguno, impune. Hay mieles que nunca se deberían probar de manera gratuita, pues la dulce colaboración de abejas y rosas sólo se hayan al alcance del pecunio divino. Aún faltan cuatro días, cuatro. Tan solo un filtro o hechizo elaborado con pericia, será capaz de burlar los implacables designios del emperador, antes de que se cierre definitivamente la misteriosa puerta.


Si, por un casual, se encuentran con Hipólita y Teseo, con Oberón y Titania y, no digamos, con el travieso Puck, no digan nada, no cuenten nada. Cierra los párpados, para poder ungirlos con un beso; cierra tus ojos, para mejor abrir tu mirada a un mundo infinito. Esta vez, pese a quien pese, la vencedora será la noche… Feliz, alegre y bullicioso solsticio.




miércoles, 19 de junio de 2013

Delirio disidente

“El deseo prometeico de suplantar a Dios
es totalmente inherente al ser humano.”
(Jean Paul Sartre)




En mayor o menor grado, todo ser humano siente un cierto grado de fascinación hacia el sistema operativo en el que se haya inscrito y del que él/ella mismo/a forma parte reguladora. Su esencia creadora le insta a observar un orden que, por natural, presume divino, mediante un distanciamiento reflexivo que le permita (la posibilidad) de hackear al mismo Dios. Tratar de adueñarse así de su propio misterio, reconstruir su propio código, ampliar los límites del tiempo (inmortalidad), del espacio (ubicuidad) y del sentido (autoconocimiento). Cumplir el ansiado deseo de la auto-re-programación divina en nosotros, que termine por burlar el abismo de la disolución a la que necesariamente parecemos abocados como creaturas. Volver a la usurpada condición paradisiaca a golpe de tecnología (fisio, bió, info). Dios debe haber dejado las contraseñas de acceso a sus secretos por alguna parte.




Poco a poco hemos ido empleando el tiempo que hurtábamos a sudar el pan, a encontrar el modo de que (primero) lo suden otros por nosotros y (segundo) que lo suden las máquinas, suplantando la “condena natural” por la “liberación técnica”. Hemos suplantado, orgullosos, al tecnócrata máximo, el supremo artífice del universo. Hemos desvelado la trama y urdimbre que celosamente protegía el demiurgo en su afán por garantizar nuestro dócil (sudoroso) sometimiento a la supervivencia. Ello explica la proliferación de puestos de mercadillo que gritan a los cuatro vientos “compro y vendo oro”. La pericia alquímica se adquiere en talleres de fin de semana. En cada pequeño gesto, creamos –doméstico y cotidiano big-bang- de nuevo el universo, una y otra vez, el universo. Bien mirado, prodigiosos poderes se ocultan en la eternamente tuneada soberbia de la manzana.



sábado, 15 de junio de 2013

Verbena de San Juan

“Quien coge verbena por San Juan,
ni ruina, ni pestes ni ningún otro mal.”
(Popular)

“Van de noche los mozos y mozas,
henchidos de fuego a coger las rosas.”
(Popular)




Desde tiempos ya inmemoriales, se conocen los efectos que la delicada flor rosada de la verbena, planta sagrada de primer orden, ejerce sobre la hembra humana, ligeramente sedante e hipnótica, al favorecer la producción de nutritiva leche y contraer grácilmente el útero. Quizá por ello, sirva aún hoy en día como socorrida etiqueta para designar los concilios rituales populares, que han sobrevivido (superstitio) al paso demoledor de la iluminada modernidad.


La presencia de sus pétalos en el agua lustral, otorga la disolución de sutiles principios muy activos, que garantizan el éxito de cualquier banquete digno de ese nombre. Las proliferación de hogueras con las que festejar la noche más breve (e intensa) del año, y celebrar con ello la cósmica estabilidad del orden solsticial, habrán relegado -en su mayoría- a la niebla del olvido tan necesario ingrediente, salvo aquellas encargadas de preservar y proteger, entre salto y salto, los ecos de la tradicional memoria.


Fuego que sobrecoge al alma que en él se reconoce. De todos los deseos que se formulen en una noche tan mágica como esta, habrá siempre uno que estará garantizado: ¿Adivinan cuál?



viernes, 14 de junio de 2013

Voraces dominaciones

"Limitado es tu poder, ya que,
aunque puedes hacer lo que quieres,
no puedes no querer lo que quieres."
(Arthur Shopenhauer)




Cercados. Sin salida. Agotados a volver sobre el mismo punto de partida, sin el menor progreso. Detenidos. ¿Qué ganamos, entonces, al ampliar siquiera un tanto la consciencia? Trascender nuestra limitada y rancia visión del aquí y ahora, recuperar la visión fresca del presente. Estar ahí. Darse cuenta de lo idiota que somos e inmediatamente comenzar a reír. Salir de la propia trampa del ensimismamiento.


Independientemente de la etiqueta con la que tratemos de cercar lo eterno, allí donde lo secular ha tratado de confundir la devoción con la superchería, es necesario reformular (o rescatar) el símbolo misterioso frente a las discursivas palabras que pretenden agotarlo. Es posible aún mostrar devoción por un amor transhumano que, pese a los ingentes esfuerzos de teólogos y escépticos, no ha muerto, ni puede morir porque en sí mismo conlleva la potencia transformadora de la vida.


Allí donde intuimos nuestro potencial humano, el perfeccionamiento de uno mismo, el interés por perfeccionar la propia alma, es quizá la más bella forma de devoción que cabe imaginar y realizar. La semilla despliega todo su potencial paso a paso, a tientas, pero intuyendo de alguna forma su estado pleno. Revolución silenciosa que sucede en nuestra conciencia, morir y renacer, sin apenas darnos cuenta. Transformación que, gracias a Dios y quizá a nuestro pesar, ocurre sola. Toda vez que llegamos a ser lo que somos, somos entonces el mismo camino, la verdad y la vida.



jueves, 13 de junio de 2013

Aquí. Ahora.



Yo estaba equivocado, más equivocado aún quizá que ahora. Mi vida estaba dirigida mucho más por las apariencias de un ideal heterónomo que por el reconocimiento de la verdad; por la búsqueda de dinero más que por la búsqueda del verdadero sentido. Vivía dirigido por todo tipo de presiones externas, desoyendo los deseos íntimos de mi corazón. Incapaz de ver las cosas como son, como siguen siendo, sufría porque ignoraba e ignoraba por qué sufría. Tuve avidez y falsifiqué el amor como el que más.


Detenido en los pormenores del tronco, ignoraba así el milagro del árbol; atrapado en la hermosura del árbol, desapercibía el cántico del bosque; ensimismado en la sinfonía de ser uno en la magia de la caminata, olvidaba arroparme en el silencio. Perdía lo más importante, al mismo tiempo que caía en el espejismo de que sentir, pensar y creer que progresaba. Yo también era, aún sigo siéndolo, quizá un tanto menos, una isla arrogante. En pos de ser más y más estratégico, renuncié al proyecto de alcanzar ser humano. Vendí de saldo mi alma al diablo.


Mucho me costó comprender la necesidad de conformarme con mucho menos, lo importante que es saber quedarse quieto, allí donde encuentres tu casa provisional. Decepcionado, muy tarde descubrí que el vertiginoso asalto de nuevos deseos no es sino parte de un distractor carrusel del mundo. Fracaso tras fracaso, adquirí la neutra distancia de Apolo, conocí el efecto reparador de la conciencia presente, purificando el espejo de mi alma. Sabio dolor así transmutado, eco que aún reverbera, dulce Beatriz, en distancia. Quizá. Tal vez. No sé.