jueves, 11 de julio de 2013

Cuenta nueva

“Es el coraje del héroe
lo que remueve obstáculos imposibles.”
(Terence McKenna)

“¡Sí se puede!”
(Desencantados indignados)





El cuestionamiento de la creencia obligatoria así como de la costumbre de mundanizar lo ulterior y limitar lo ilimitado, deja al alma, desprovista de certezas y en la zozobra de quien cuestiona su fundamento esencial, sumida en la noche más oscura. La ausencia de rumbo interpela la docilidad ante un timón supremo al que se confía, en intimidad, el pormenor de la propia vida, sin caer en el error tribal de confundir conciencia y conveniencia.

Cara a cara ante el Creador, la creatura realiza y desvela su propio enigma, en una búsqueda incesante, arrollada por la eficacia de un secreto impulso que la desborda. Es la experiencia de la aniquilación suprema, la que contrarresta la usurpación de cualquier organizada idolatría. Quien siente en sí y sobre sí esta fuerza primordial anterior a todos los conflictos, esta hondura previa a la de todos los abismos, quien es deslumbrado por la fértil luminosidad de la tiniebla, abarca en su abrazo los entresijos de la muerte.

Nada puede sustituir este vínculo directo entre creatura y Creador. Por más que pretendan los soberbios gestores de imperios que administran los premios y castigos del rebaño, nada puede ser más sagrado ni, para quien sabe, puede haber peor traición: “Lej lejá.”



martes, 9 de julio de 2013

Mantis

“Inalcanzable para el débil, temible para el pusilánime,
prometedor para el héroe, muchos son los nombres del destino.”
(Virgilio)

“No se entretiene en juzgar el pasado
quien se ocupa en diseñar y construir el futuro.”
(Friedrich Nietzsche, Aurora)





Paradojas del arte falsario, en nuestros días presumimos más de conocer las cosas futuras que, irreconocibles tras la pericia del amaño histórico, las pasadas. Las que de todo punto han de permanecer ocultas, gracias al imperio de la distracción y el entretenimiento ovinos, son las presentes. Que nunca han gustado, ni el lobo ni el carnicero que contrata al pastor, desvelar ni el tiempo ni el modo en que harán efectivos sus intereses, cobrando al rebaño la justa deuda de su apacentamiento y manutención. ¡Qué tiempos aquellos en los que la profecía respondía a la nostalgia de un conocimiento, no del porvenir, sino del designio de Dios!

Ahora que el orden tecnocrático nos mantiene alejados del sagrado sistema operativo e interfiere toda posible conexión ajena a sus intereses pecuniarios, el furor mántico quedó reducido a la sorda reclamación del consumidor por el descontento del servicio. Quedaron bien desfasados los trances y éxtasis oraculares, los delirios proféticos y la onírica premonitoria de antaño, por los servicios de telefonía y televisión inmediata de los pintorescos nabí de nuestros días, tan populares y famosos como ridiculizados. La prospectiva científica, por su parte, está mucho menos pendiente de los riesgos planetarios que de volcar su cuantificable saber profético en detectar las tecnologías emergentes que habrán de garantizar a las potencias imperiales su hegemonía económica por la buenas o, llegado el caso, diseñar el futuro a golpe de drones y primaveras, por las malas.

Ahora que sabemos que las democracias afines al régimen no se improvisan, los future issues y el foresight se han convertido en un asunto de elevado interés estratégico legal y profesional. Hoy, como ayer, los futuros no ya posibles sino preferibles están manos del control de la divina aunque menos caprichosa probabilidad. Como ocurre en el póquer,  los codiciados comodines, también llamadas cartas salvajes (wildcards), siendo altamente improbables, tienen un impacto decisivo el la buena marcha financiera de la partida. Sólo los mejores jugadores tienen preparada el alma para afrontar heroicamente los vaivenes de incertidumbres y riesgos. Hoy como ayer, tienes el deber de salir del útero protector que ahora te sirve de carcasa y dar respuesta a la misma eterna y crucial pregunta: “¿Qué espera de mí el futuro?”




Prognosis

“Como el lituus encarcela a los treinta dioses,
así muestra el jecur los secretos designios del cielo.”
(Aule Lecu)




Pese al esfuerzo de la historiografía oficial por mantener este suceso despreciado en el más absoluto de los silencios, 186 años antes de la era común, un maestro arúspice griego, desconocido e itinerante, introdujo en Etruria la práctica secreta de ciertos ritos nocturnos que buscaban, con idéntica clandestinidad que en nuestros días, poner en peligro los intereses de la aristocracia. De su oscura escuela provienen nombres tan prestigiosos en el arte prospectivo como los de Aristón de Tesalia, Cleofonte de Corinto, Dionisio de Cartago, Nicias de Caristo, Polícrates de Tasos o Timóxeno de Corcira. ¿Qué saberes ocultan pronósticos, augurios y oráculos, capaces de poner en peligro el tremendo poder que cabe suponer a todo un Estado?




La actual simulación computacional de nuestros superordenadores, vástagos de la secreta inteligencia artificial y del diseño de sistemas expertos, pretende interrogar y aventurar, mediante modelos e indicadores, el enigma del futuro, desde motivaciones no siempre obvias. Desde el origen de los tiempos de los post-neandertales, la vida adivinatoria, sujeta siempre a las limitaciones del incierto potencial humano, presenta idénticas vicisitudes y necesidades, examinar los restos de aquello que hubo de ser sacrificado en el ara. Perdido el saber que hacía efectiva la disciplina etrusca, el “Colegio Oficial” vendido al imperio, fue incapaz de detener su caída. Ahora que somos capaces de generar hígados a medida a partir de células madre, no somos capaces de desentrañar las sombras que nos atenazan en el elocuente mapa de la sangre. Pese a conservar el lituus, sin duda el progreso mutiló a los modernos escrutadores sus preciosas alas. Al menos, ahora nos queda siempre el acicate y el consuelo de disfrutar la "segura" sorpresa y tener así garantizado, manu militari, el incierto futuro.



lunes, 8 de julio de 2013

Anagkê stênai

“Por el corazón puro se conoce la verdad,
en el corazón puro la verdad reposa.”
(Yâjñavalkya)



Durante el verano, al menos en el hemisferio norte, el periodo vacacional nos permite alterar el ritmo del frenesí cotidiano, entregándonos el don (para algunos la maldición) de tener más tiempo de saborear el tiempo y encontrar el método más apropiado de asimilar su primordial cualidad estival, sin dejarse embaucar por las apariencias.

La intensidad de la luz sobre las irisadas plumas de Uriel requiere de una lectura más sosegada, de mayor calma y atención, a riesgo de malinterpretar su crucial mensaje. Antaño, los sabios realizaban dicha lectura en alta voz, para saborear su estilo, impregnarse del vibrar rítmico entre pulsos y pausas y, sobre todo, cultivar la memoria del instante.




Leer la luz del verano, sin intención, sin dejar que interfiera ningún perverso criterio de rentabilidad funcional e instrumental de los que habitualmente nos intoxican, también es un verdadero arte. No temamos ser desilusionados por su huera frivolidad, muy al contrario, dejemos que esa previsible decepción de lo trivial sea la que nos despierte.


Toda vez que desvelamos su mensaje, cada instante transparenta su condición sagrada y nos instala en su crucial encrucijada. La ascesis de los rigores iniciáticos queda en ese mágico momento justificada y recompensada. El torpe deletreo, trocado disciplina, se torna ahora finalmente discernimiento. El mantra de su latido, al fin, el corazón entiende. 



domingo, 7 de julio de 2013

Metadatos

“Más a menudo de lo que pensamos
los contrarios trabajan juntos en connivencia
y unidad de propósito.”
(Rumi)

“¡Necesitamos un traidor!”
(Anónimo, Última cena)




Si llegáramos a tomar conciencia del modo en que nuestras presuposiciones condicionan y distorsionan el cómo percibimos la realidad, dicha realidad se vería radicalmente transformada al tiempo que la mayor parte de nuestras actuales certezas –si no todas- caerían fulminadas. El modo práctico de tomar “dicha conciencia” ha sido transmitido como el testigo en una carrera de relevo desde los orígenes de la humanidad, de generación en generación, con la pericia y cautelas necesarias para burlar la acción hostil de aquellos quienes, también de generación en generación, han concentrado todos sus esfuerzos y recursos en impedir que “dicha toma de conciencia” tenga lugar. Y aún siguen haciéndolo.


La eterna batalla se extiende entre quienes defienden y quienes cuestionan la prevalencia de un determinado estado de cosas. Los progresos realizados en un sentido, siempre suelen ir acompañados de progresos en el sentido contrario. Lo que un día resultó útil, no sólo ha perdido hoy quizá su utilidad, sino que puede llevar aparejadas consecuencias neutras e incluso totalmente contraproducentes al fin perseguido. Antaño “herejes” hoy “terroristas”, los métodos de obtención de información de inteligencia que resulte  vital a la defensa de los intereses de una y otra parte, no han variado demasiado. Tú aún no lo sabes, pero seguro que, incluso desde tu neutralidad o indiferencia, juegas en uno de los dos bandos. La paradoja es que ambos son buenos y ambos verdaderos, pero al igual que sucede con el sueño y la vigilia, no pueden darse simultáneamente. ¿O sí?



sábado, 6 de julio de 2013

Sueño letal

“En la Eternidad Todo es Visión.”
(William Blake, Ierusalem)




Debo a la razón serena el férreo rechazo de las trampas del racionalismo recalcitrante que, lejos de ser una inofensiva moda pasajera, se ha convertido en un letal lecho de Procusto, en el que ya no tienen cabida ni lo humano ni el alma. Reposo en una razón mucho más dulce, consciente de sus propios límites, enamorada de aquellos ámbitos ignotos más allá de sus fronteras. Defiendo una razón bien antigua, que sabe de las sutiles fibras que tejen el aparentemente sólido tapiz del mundo, que así conoce cómo el alma del observador construye el espejismo de lo real a su imagen y semejanza. ¿Qué importa que otros traten de destruir en vano aquello que su ceguera niega ver o que su soberbia ignorancia no entiende? Quien escruta el futuro, ha de ser necesariamente bueno. Allí donde la oración es escucha, el arte es alabanza. Siempre ha sido así. Alas que aquellos que envejecieron al ritmo de su ignorancia ni siquiera imaginan.




Abanico de cedros y azucenas

“Por imposible que éste resulte,
no hay mayor conocimiento que el de lo sublime.”
(Aristóteles)

“Alma que anda en amor,
ni cansa ni se cansa.”
(Juan de la Cruz)





La espera, que purifica la intención. Los preparativos, que anticipan el furtivo encuentro y lo recrean. El dulzor de la paciencia que se sabe desinteresada y total entrega. Doloroso placer y placentero dolor que nunca termina cuando termina. Renunciar a la voluntad de poseer y decidir en la noche fugaz. Ser regalo. Olvidar y olvidarse en el cuidado. Que un amor que es más que humano, no deja por ello de ser plenamente humano, si sabe guiarse con certeza de mapas invisibles.