sábado, 21 de junio de 2014
lunes, 14 de octubre de 2013
Ultimo post
“Silencio.
Escucha.
Recuerda (pon en el corazón).
Practica (vive consciente).
Enseña (sirve).”
(Salomón ben Gabirol, sutilmente comentado)
Hasta que el intenso frío paraliza la magia de su aroma, el paseo otoñal nos trae el dulzor íntimo y sedoso de la miel entre la hojarasca entregada ya a ser humus. A lo largo de una breve vida, hemos de buscar realizar nuestro verdadero potencial, por lo que es necesario honrar siempre el espíritu de la búsqueda,
consustancial a nuestra naturaleza humana. Buscando lograr engrandecerse,
nuestros egos comienzan rastreando primero la gloria, conquistar algo que les supera y,
así, crecerse en la gesta. Conforme progresa nuestra aventura vital e intuimos
la proximidad de la muerte y la inexorable caducidad de nuestra búsqueda, lo
grande es entonces sustituido por un anhelo de lo eterno, toda vez que
aceptamos en nuestro ser la transformación de crecer, de florecer y dar fértil fruto.
Siempre fui consciente de que algún post (éste) habría de ser el final y me preguntaba qué sería lo último que se me concediera publicar en Internet. Pues bien, ese momento ha llegado y éste será el último post que comparta con vosotros. Quiero dar la gracias a las amables personas y amigas que decidieron aparecer como "miembros" de este ejercicio de narcisismo, alguna de las cuales tuvo la suerte de compartir espacio-tiempo en 3D, e incluso algún que otro té o café, conmigo. Gracias a cuant@s quisisteis brindarme la estrella de vuestra animosa lealtad.
Siempre fui consciente de que algún post (éste) habría de ser el final y me preguntaba qué sería lo último que se me concediera publicar en Internet. Pues bien, ese momento ha llegado y éste será el último post que comparta con vosotros. Quiero dar la gracias a las amables personas y amigas que decidieron aparecer como "miembros" de este ejercicio de narcisismo, alguna de las cuales tuvo la suerte de compartir espacio-tiempo en 3D, e incluso algún que otro té o café, conmigo. Gracias a cuant@s quisisteis brindarme la estrella de vuestra animosa lealtad.
También quiero dar las gracias a quienes, quizá por un
azar, recabaron en alguna de las reflexiones y, como su propio nombre indica,
vieron reflejado quizá algo de sí mismos, de sí mismas, que les fuera de alguna
verdadera utilidad. Ninguna de estas gratitudes hubiera sido, empero, posible sin el necesario
concurso del Leviatán digital, que aún las albergará en su abismal vientre de
ceros y unos ¿quién sabe hasta cuando? y al que también, nobleza obliga, quiero demostrar todo mi
agradecimiento por dejarse dócilmente indigestar. Ahora sólo resta entregarse a la pereza y al olvido del mundo, mientras transcurren amables mis horas, mil y una noches de historias viejas y mañanas de cristal.
Quedan
mis oscuros y farragosos escritos, mis provisionales casi-verdades, mis irreparables mentiras, mi inagotable
vanidad. Quedan, sobre todo, mis lecturas, los autores y autoras que me
inspiraron y que harán lo mismo con cada uno de vosotr@s en la medida que tengáis
a bien acercaros a su obra gráfica o escrita. Queda la experiencia, los besos dados, tantos
encuentros y desencuentros y aquellos amores a los que quiso dar efímera forma el
Amor. Queda mi música favorita: el silencio. Silencio que, rumbo al corazón, abre su alma a cada
nota, sin distinción, como quise un día también saber hacer, tal vez sin demasiado
éxito.
Si quieres seguir mis pasos, trata de evitar todos mis errores; dejé extenso testimonio de ellos. No esperes a conocer, para iniciar el sendero. Será recorrer sus pormenores y tropiezos lo que te enseñe qué es conocer. Es hora de “pasar los trastos” o quizá “dejarlos junto al camino” por si algún paseante distraído arribara a este punto perdido en la red por azar y nuestro hatillo de palabras llamara su voluble atención y, tal vez, siguiendo su frágil corazonada, aprovechara la oportunidad que le brindara, tan inquietante como siempre, la juguetona fortuna y, quién sabe, eligiendo, las tornara propio asunto. Mis
verdaderos maestros me enseñaron el arte de ocultar la verdad tras las
palabras, a salvo de la cobardía escapista o la insaciable avaricia de los que duermen.
La puerta polar sólo se abre a quienes buscaron construir en vida un nuevo mundo para los niños, la tierra nueva prometida, aunque a ellos les estuviera vedado ocuparla, moviendo certeros los hilos que tejen la suerte del Reino tras ancestrales y secretas bambalinas. He disfrutado un montón, cosa que pienso seguir haciendo, incluso hasta después del último aliento… ya sin palabras, fénix de enamorado polvo, y enamoradas cenizas, que vio así todos sus sueños, incluso el de este "Último post", dulcemente cumplidos. Mil y una mágicas noches de interminables cuentos, auroras de cristal. Bastaba con despertar.
La puerta polar sólo se abre a quienes buscaron construir en vida un nuevo mundo para los niños, la tierra nueva prometida, aunque a ellos les estuviera vedado ocuparla, moviendo certeros los hilos que tejen la suerte del Reino tras ancestrales y secretas bambalinas. He disfrutado un montón, cosa que pienso seguir haciendo, incluso hasta después del último aliento… ya sin palabras, fénix de enamorado polvo, y enamoradas cenizas, que vio así todos sus sueños, incluso el de este "Último post", dulcemente cumplidos. Mil y una mágicas noches de interminables cuentos, auroras de cristal. Bastaba con despertar.
14 de octubre de 2013
Abraham González Lara
Abraham González Lara
(Aprendiz de "psicólogo")
domingo, 13 de octubre de 2013
Alta rentabilidad
"Fue
el encuentro con lo Eterno todo mi anhelo,
pero
no hallé sino gloria en la constancia,
riqueza
en la pobreza,
contento
en la moderación,
alivio
en la paciencia,
bienaventuranza
en el inocente confiar,
verdad
en la sinceridad,
virtud
en la consciencia,
descanso
en la soledad,
guía
en el esfuerzo,
extinción
en la contemplación,
amor
en el total desapego,
bendición
en la restricción,
luz
en la mirada limpia,
secreto
en saber guardar el secreto,
felicidad
en la entrega solícita,
amabilidad
en la supervivencia compartida,
magnanimidad
en la autoridad verdadera,
cumplimiento
en el pacto,
ternura
en la vida acompañada,
elevación
en la humildad,
nobleza
en el conocimiento,
sabiduría
en el silencio,
salud
en el alimento,
limpieza
en el ayuno,
autoconocimiento
en la atenta vigilia,
olvido
en la pereza,
ganancia
en la bondad,
temor
en el corazón,
dulzura
en la convivencia,
conformidad
junto a los otros,
reflejo
en el pensamiento,
conocimiento
en la escucha,
altura
en la generosidad,
misericordia
en el amor mutuo,
venganza
en el odio,
prueba
en cada amar,
pureza
en cada llanto,
cercanía
en cada gesto.
Y todo ello se me dio sin merecerlo.
De
este modo gratuito fui el encontrado."
Sombras otoñales
“Ni
astros, ni infiernos.
Todo
es producido por
el
Espíritu en nosotros.”
(Paracelso)
“Todo
vencedor se sabe fraude.”
(Alejandro
Magno)
¿Cuánto
dura un sueño? En realidad, siempre que hay vocación real, no hay prisión que valga. ¿Cómo
conseguiste si no guardar y resumir todos tus años pasados, el tapiz de toda una
vida, en la estrechez de este mínimo y fugaz instante? Quizá tu fuiste el único
tejedor de la red ensueños que hoy te aprisiona. Nadie sino tú sembró este sufrimiento
-que ahora te atenaza- en ti. Tuya fue la firme decisión de abandonarte al
sortilegio y servidumbre de una nueva pócima. ¿Quién si no tú eligió y adoptó
el disfraz que ahora llamas deteriorado cuerpo?
¿Cabe
mayor misericordia que la de regalarte un nuevo comienzo, una vida sin pasado
ni futuro, una octava más alta, tras el equinoccio de cada instante? ¿Cómo
explicarles nada de esto a los que labran la tierra con la mirada gacha? De
despertar en despertar, no habrá ningún tirano pensamiento que pueda
debilitarte. Hojas marchitas, incapaces ya de lastrar la radical labor de la otoñal
savia, toda vez que fue descubierta su naturaleza. Despertado el genio de su sueño, regresan fuegos
fatuos y fantasmas al engañoso pantano de la esperanza y comienza la magia. ¡No te extravíen las
formas!
viernes, 11 de octubre de 2013
Retorno
“En
polvo y ceniza.”
(Oseas
14, 8)
“Revivió
el hueso reseco; se halló lo perdido.”
(Ezequiel
37, 14)
Los
ciegos seres humanos se afanan en los humildes trajines del cotidiano
discurrir. Nacen, viven y mueren dentro del estrecho escenario de sus rancias y pequeñas tragedias,
anhelos imposibles y desdichas mundanas, ante la mirada aparentemente indiferente del universo. La
verdad sucede de un modo bien diferente, pues no es sino a través de la trama
urdida de pequeños gestos, medias palabras, brotes de hiedra arañando
delicadamente el muro de ciudades invisibles y abismos entre líneas, como se recrea a
cada instante el sombrío secreto ancestral que sostiene con precisión los
mundos que inventa reales. Es la venda de los sentidos y la razón la que nos
oculta estar ya en un paraíso nunca perdido.
Tras
su aparente serenidad, nuestras vidas esconden titanes a punto de desatarse. Hagamos
de la vida una atenta ascesis de la resignación, del miedo, también de nuestra
mezquindad volcada siempre en los otros; descubramos nuestra condición esencial
de ser mero reflejo de la sorprendente monotonía, de una sencillez que, a todas
luces, resulta tan increíble como insondable. Quien supo ahondar sin apegos en
los entresijos del alma humana, sabe que ninguna mirada real caerá en el
olvido, en un mundo que considera que todo lo que no sea hacer dinero es
vanidad y que sobreponerse a la cotidiana adversidad no tiene nada de heroico.
Invisible domador
“Quien
atrapa sus sueños,
así
los engendra.”
(Talmud)
Una
vez que empiezas a erradicar los falsos memes que te fueron inculcados por
quienes, de igual modo, los heredaron antes, ya no puedes parar. ¿Qué queda
tras esa siega silente de falsas creencias? Aparentemente, una tierra yerma y
desolada, pero al asomarnos al interior de la misma, siempre desde una mirada
estrenada, esto es, atenta, natural y minuciosa, descubriremos una intensidad
velada al exterior que se descubre destino, la del alma preparada para
afrontar, con impasividad y grandeza, el abismal espanto del abandono divino.
Sólo quien ha descubierto esta verdad dentro de sí, puede soportar el yugo de
la corona.
Mientras
tanto, tu vida no será más que una tortura de la que, en vano, intentas
alejarte, una cárcel lúgubre e infernal, un inhóspito lugar plagado de una
sucesión de incomprendidos golpes e imprevisibles sufrimientos, sucesión que no
cesará hasta que “lo entiendas” y, de este modo, instantáneamente te liberes.
Quien así carece de la intuición necesaria para enfrentarse al misterio desde
fuera de sí, no merece poseerlo por ningún otro medio. ¿Hasta cuándo piensas
regresar y regresar y regresar a la eterna e inhóspita escena, al rutinario, macabro y
atormentado teatro de tu vacía existencia? Ten el valor de afrontarlo y,
comienza lo antes que puedas la insoslayable siega. Arranca, arranca, arranca…
empezando quizá por lo que crees saber de ti.
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