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domingo, 10 de febrero de 2013

Máscara y ceniza



"Con ese amor
entrarás en el Jardín."
(Muhammad)
 
 
 
 
 
Lejos de lo que el común suele pensar, el Carnaval, vivido en serio, resulta una experiencia brutal y aniquiladora que nos conduce a los límites de lo humano: el desenmascaramiento que descubre bajo el oropel de la máscara, la esencial ceniza. Es necesario tener la valentía de desprenderse de la máscara para deshacer los nudos que nos impiden reanudar el camino de regreso y, desde el estremecimiento, desleír la aparente solidez de las certezas sobre las que un día fingimos habernos edificado, destruir los andamios que otorgaban consistencia a la nada, denunciar la desnudez del emperador, caerse del guindo…

El desenmascaramiento precede a la Verdad. Es un cambio radical en el que cada uno descubre que no puede seguir mintiéndose bajo una vida disfraz, que se hace obligatoria la necesidad de desapego al actuar, de mostrarse verdaderamente sinceros, ya sin miedo al precio, desde nuestra rectitud de intención.

Aprender a caminar entre los escombros y las ruinas de lo que creímos haber sido, sin dioses que resistan permanecer en el sancta sanctórum, desvalijada la cámara del tesoro, profanadas las heroicas tumbas: fértil polvo, sabia ceniza, serán todo el sustento de tu renacida gloria.
 
 
 


domingo, 9 de diciembre de 2012

Templo antiguo


“Actuad, respecto a este mundo,
como si fueseis a vivir diez mil años
y respecto al Otro,
como si fuerais a morir mañana.”
(Muhammad)

 

 
 

Tiempo en el que un tsunami espiritual anega el corazón más endurecido y da sus correspondientes frutos. Por encima de la paz exterior, la presencia requiere mayor esfuerzo, aplicación, insistencia, trabajoso celo, asiduidad, perseverancia, empuje, fatiga, permanente atención, constante lucha.
 
No cabe peor tumulto que el interior, aquel que se resiste a aceptar el cambio y su devenir. Hasta el menor sufrimiento es libremente elegido. Obstáculo.
 
Aún prevalece el Templo antiguo. Regresa a él desde tu propia metamorfosis intelectual. Regresa dentro. Concéntrate en tu más intimo interior. Regresa y reina. Soberanía.



lunes, 6 de agosto de 2012

Sangre, atrabilis, bilis y pituita



“La mera existencia de un sólo gnóstico
desbarata más los satánicos designios del adversario
que el denodado esfuerzo de cien mil místicos."
(Muhammad)


"La opinión del hombre juicioso es acertada
como si las cosas ocultas le hablasen
a través de los signos que ve
gracias al poder del Creador que las creó.”
(Said Ibn Abd Rabbihi, Uryuza Fi-l tibb)











Desde el principio de los tiempos, el buscador honesto, aquel que ha logrado transmutar su sombra en luz a través del espejo del conocimiento de sí mismo, siempre ha tenido la necesidad de observar profundamente la verdadera naturaleza de las cosas, del hombre, del mundo y del universo, desdeñando así el reporte superficial de la aproximación ocular del perezoso, sin temor al esfuerzo y fatigas que prometen desentrañar su misterio, desvelar su secreto, alcanzar su ciencia.

Disponemos de testimonios irrefutables de que el exquisito perfume del conocimiento hermético, la codiciada ciencia de los antiguos, se viene cuidadosamente escanciando en terrirorio español desde principios del siglo IX, mucho antes de que los maestros vieran resplandecer la daga del fanatismo, amenazando la yugular de su alquímico Arte, con tal de mantener reforzados los anillos del poder esclavizador y (tratar de) destruir la memoria.

Por más que cause pesar a cuantos van de iniciados en los misterios, el verdadero filósofo no es sino aquel que es amado por la Sabiduría, hasta el punto de dejarse amar por él (o ella) y no a la inversa. Por el método personalizado de curar al enfermo, se reconoce al sanador real y la eficacia de su remedio. No por escasas, las huellas dejan de ser rastro, fiel vestigio de lo que un día fue transido sendero.

El que quiera tener la humildad de aprender a cerca de los igneos vientos y del pneumata, que "vaya a Salamanca". Como siempre, absténgase sopladores y todos cuantos, bien distraidos entre juegos y recortes, aún sigan afectos a las cosas criadas. Que no se hicieron los arabescos del sulfur, el mercurio y la sal para la boca del asno, ni se siente cómodo Hermes entre los eruditos labios del autoengaño. Bien sabe Narciso que las arrugas son inevitables, señal indeleble -botox mediante- del encuentro de todo ser humano con su destino.