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jueves, 15 de noviembre de 2012

Órfica resonancia


“Se requieren voluntarios
para cambiar la memoria-partitura
de la subyugada especie.
Abstenerse pusilánimes y cobardes
(que ya vamos sobrados).”
(ACHE, Oferta dominical)

 

 

 
Muchos no me creerán si les digo que la práctica habitual del ayuno, la respiración consciente y la meditación no sólo modifica, si no que aún mejora, el genoma de la especie. No sólo de quienes son afectos a tales absurdas prácticas. No, no, leíste bien, de toda la especie. Para desesperación de eugenesias de todo a cien, que andan trasteando con lo que no saben. La ciencia básica, frente a la aplicada, ni tiene dueño ni atiende a subvenciones, básicamente por que responde a una verdad más allá de espurios intereses bastardos y rentabilidades de ocho al cuarto. Responde, sobre todo, a lo que no se aplica (ni debe nunca aplicarse). La mutación es imparable.
 
 
 

sábado, 10 de noviembre de 2012

Esclavos malacostumbrados

“No endurezcáis el corazón.”
(Salmo 95,8)
 
“No existe bondad alguna
que no nazca de la total libertad.”
(Jesús de Nazaret)

 

 
 

Suelen los diluvios generar entre la población notable descontrol y desconcierto. Por fortuna, las aguas vuelven a siempre a su cauce, tras enrasar privilegios. La eficacia divina, que pone a cada cosa en su sitio, dará su justo merecido y lugar a toda esta ensoberbecida escoria. Asambleas curiales y centuriales, al orden. Senex llama a las puertas. Inútil amurallar la miel. ¿Apostamos?
 
 
 
 

Burla y frivolidad


“Así como un escudo salvaguarda la Tradición el Secreto,
la misericordia la riqueza, los votos la abstinencia
y el silencio la Sabiduría.”
(Pirkei Avot 3,17

 


Perturbados mucho menos por la fugacidad de los acontecimientos que por nuestra contingencia esencial, a merced de los escarnios del escarmiento demiúrgico, artífice despechado que se resiste a morir, abandonados a la metástasis del miedo y la incertidumbre, condenados a la necesaria masacre y a la conveniente ocultación con la que camuflar nuestros espurios intereses y vanos afanes, dispuestos a considerar el supremo valor de la supervivencia que otorga la impostura y garantiza cualquier digno lugar en la jerarquía, siguen latiendo en mis palabras sin cesar contradicciones, confusión y paradojas.

 
Improvisando un frágil orden contra el que tratar de desafiar al caos planificado, iluminando el campo de una batalla que sabemos perdida de antemano, mi juventud no supo cómo evitar la trampa del desengaño, el sarcasmo que trae envejecer. Bien mirado, todo ingenio trata de esconder un profundo y arraigado sentimiento de culpa. Clamamos por los males de unos tiempos que sabemos nuestros. No somos nada. Menos.