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lunes, 7 de junio de 2021

Egrégor arconte

 



"El termino griego Egrégor significa «vigía» o «control». A su vez, el término Arconte  significa «gobernante» o «cargo público», local, nacional, global (G7) o tecnológico (GAFAM). 

De manera individual, todos sabemos acerca de este efecto estimulante que podemos comprobar al compartir con otros un buen proyecto, un momento intenso… La actividad común concentrada recoge las intenciones de cada uno en una conciencia colectiva que parece llevar el conjunto. Pero detrás de la impresión personal, un conjunto de procesos regulados se desarrolla entre nosotros. 

No obstante, y a veces demasiado fuertemente, puede dar la impresión de estar siendo atrapado en la existencia del otro tomar conciencia del parásito “energético” producido por los valores de nuestro círculo o nuestra comunidad. 

Más no se debe confundir egrégor con posesión. Ni pensar ingenuamente que dejar un egrégor no sea más que la ocasión de unirse a otro… quizá aún peor."

martes, 21 de mayo de 2013

Símbolos del instinto


“Para lograr suplantar aquel Dios,
creado a nuestra inflada imagen y semejanza,
hubimos previamente de matarlo en nosotros.”
(Carl Gustav Jung)




En estos tiempos, en los que aceleración y enajenación tecnológica van a la par, resulta muy complicado asumir de manera consciente que el mal que presumimos objetivo -cuando en realidad es proyectado- en los demás, radica en el fondo arcaico e ignoto de nuestra propia alma. Son muy pocos los que se atreven a descender al oscuro ámbito de su fondo primitivo, asumir las propias tinieblas y vivir el temor primordial, con la exigua esperanza de alcanzar siquiera una tenue y promisoria luz.

Nuestra alma parece constituida por una delicada urdimbre de fuerzas y potencias lo suficientemente poderosas, y tan peligrosas o útiles para ser tenidas en respetuosa consideración, lo suficientemente grandes, bellas y razonables para contemplarlas y amarlas. Quien renuncia a enfrentar su propia responsabilidad y desoye su propia voz interior, resuelve ser así disuelto y arrastrado en el magma impersonal y doctrinal del egrégor colectivo.

Lo social entonces sólo podrá ser así sanado mediante una radical acción terapéutica sobre nosotros mismos. No somos meros pacientes de la época. El monstruo se gesta, eón tras eón, desde cada uno de nosotros. Cabe luego al poder político y mediático lo de transformar la inconsciencia del propio mal en devastadora epidemia. No vemos fuera sino la proyección de cuando gestamos dentro. Nuestra inconsciencia fue y sigue siendo la raíz que nutre y da forma al mal.