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martes, 21 de mayo de 2013

Símbolos del instinto


“Para lograr suplantar aquel Dios,
creado a nuestra inflada imagen y semejanza,
hubimos previamente de matarlo en nosotros.”
(Carl Gustav Jung)




En estos tiempos, en los que aceleración y enajenación tecnológica van a la par, resulta muy complicado asumir de manera consciente que el mal que presumimos objetivo -cuando en realidad es proyectado- en los demás, radica en el fondo arcaico e ignoto de nuestra propia alma. Son muy pocos los que se atreven a descender al oscuro ámbito de su fondo primitivo, asumir las propias tinieblas y vivir el temor primordial, con la exigua esperanza de alcanzar siquiera una tenue y promisoria luz.

Nuestra alma parece constituida por una delicada urdimbre de fuerzas y potencias lo suficientemente poderosas, y tan peligrosas o útiles para ser tenidas en respetuosa consideración, lo suficientemente grandes, bellas y razonables para contemplarlas y amarlas. Quien renuncia a enfrentar su propia responsabilidad y desoye su propia voz interior, resuelve ser así disuelto y arrastrado en el magma impersonal y doctrinal del egrégor colectivo.

Lo social entonces sólo podrá ser así sanado mediante una radical acción terapéutica sobre nosotros mismos. No somos meros pacientes de la época. El monstruo se gesta, eón tras eón, desde cada uno de nosotros. Cabe luego al poder político y mediático lo de transformar la inconsciencia del propio mal en devastadora epidemia. No vemos fuera sino la proyección de cuando gestamos dentro. Nuestra inconsciencia fue y sigue siendo la raíz que nutre y da forma al mal.



jueves, 21 de febrero de 2013

La promesa del Kauzar


“La meditación posibilita el trato
con la fuente de la enfermedad,
haciendo posible la cura”.
(Hisham Kabbani, Vademecun)
 
“El médico entretiene al paciente,
mientras la propia vida le cura”.
(Paracelso)

 

 

En la espiral del dolor, que no es otra cosa quizá que nuestra necia resistencia al natural devenir, se encuentra la gradiente física, emocional, mental y espiritual, estas tres últimas, comúnmente identificadas bajo la etiqueta de “sufrimiento”.

 

Basta pues con alinear nuestro focos energéticos (lata’if, chakras, seffirot) en conciencia, desde la misma corriente del ser, recordando que nuestra propia vida (préstamo), por más que nos distraiga la analgesia de la inconsciencia, no es sino una prolongada enfermedad con muy mal pronóstico.



sábado, 10 de noviembre de 2012

Prestidigitación y prodigio

“…sees the sun going down
and the eyes in his head
see the world spinning around.”
(Paul McCarthney, The Fool on the hill)

 

 

Déjate llevar por Lo que te lleva, abandónate a tu esencia, demuestra lealtad sólo a lo real. Qué mayor placer que no atrapar el placer, dejando que sea. Entrega cada respiración con la misma confianza que la recibes, cada sístole a la diástole. Regresa al momento, a tu prístina primera inocencia, a la intimidad esencial. Honra, pues, con sabiduría el tesoro de la vida que sólo administras. ¿Cómo puede decir que sueña quien sabe que sueña?
 
 
 

sábado, 27 de octubre de 2012

Los difuntos y los santos

“El drama de nuestro mundo
surge de nuestro Espíritu
y en él vuelve a hundirse.”
(Milarepa)

“No os entreguéis a vuestra imaginación.”
(Nagarjuna)


“Nuestras huellas llegaron hasta la misma orilla.
Más allá, desaparece todo rastro.”
(Rumi)



Por lo general, llamamos "vida" a la experiencia anímica (del alma) de regreso a su Fuente, a través de un vehículo corporal de obsolescencia programada, por expreso deseo de ésta. Lo eterno desea ser re-encontrado, la Realidad quiere ser conocida. Somos viajeros trasportados en un cuerpo mortal por una angosta senda repleta de claroscuros, cuya meta es la luz, una luz que nos atraviesa y que, extraviados tanto de nuestro destino como de nuestro origen, atravesamos casi sin darnos cuenta. Este grado de auto-conciencia anímica (del alma) es el que verdaderamente nos diferencia.

La calidad (auto-conciencia) del alma se mantiene a través de un denodado esfuerzo de vigilancia sostenida. Lo contrario es alienación, transitar sumido en la ilusoria burbuja de una pseudo-realidad tan distorsionada como aparente que atrapa al alma, cuando sólo el sueño nos permite sobrevolar y escapar de las garras distractoras del sueño. Poner cada cosa en su sitio, desde el centro anímico (del alma) nos torna amables. Amable es aquel que verdaderamente saborea el tránsito entre zombis –profana compaña- porque verdaderamente sabe. ¿Quiénes son, pues, los santos, entre tanto muerto ambulante?


sábado, 20 de octubre de 2012

Ars Distractoria

"Entretener: acción de distraer a alguien
para impedirle llegar a hacer algo."
(Real Academia Española de la Lengua)
 
"Atrofiar: acción de privar a un organismo o célula
de su alimento fundamental
para inhabilitarle de cumplir adecuadamente
aquella función potencial a la que estaba destinado."
(Real Academia Española de la Lengua)
 
"Después halló Jesús a aquel hombre paralítico
que había aguardado durante 38 años el descenso del angel
sobre las aguas del estanque de Betesda
y su batir de alas junto sus cinco pórticos,
pero esta vez ya dentro del Templo, y le dijo:
Mira, ahora al fin ves por tí mismo que has sido sanado;
no peques más, para que no te venga alguna cosa peor."
(Juan 5, 14)


 
 
Cuando uno tiene la suerte de visitar el museo municipal de Saint-Germain-en-Laye, puede apreciar en vivo y en directo una de las obras que mejor describen la historia del género humano y que, pese a su elaboración a principios del siglo XVI, aún conserva intacta su vigencia temática. Se trata de “El prestidigitador”, del maestro Ieronimus Bosch.

 
 
En ella se aprecia como la religión institucionalizada, en este caso representada por el dominico ratero que alza sus ojos al cielo, aunque sus diestra mano muestra el rostro de sus verdaderas intenciones, extrae su fuerza vital al iniciado (inclinado y tocado con gorro frigio), hábilmente distraído por las sociedades secretas (lechuza en la cesta). Un perfecto entramado de distracción que sucede a este lado del muro.


 
La autocomplacida dama exotérica creé no distraerse, confundiendo su total extravío de sentimentalismo con una honesta mirada al cielo, forma sutil pero real de distracción. Y los demás se distraen con el espectáculo de la distracción. Solamente dos curiosos personajes -ambos situados en la proximidad al muro- parecen no distraerse, reclamando para sí nuestra atenta mirada: el hombre de negro que destaca tras el autorretrato del pintor -incluso por encima del pretencioso copete del trilero- y el aparentemente bonachón hombrecillo verde, que parece (finge) proteger al único verdaderamente NO distraído de la composición (cuando en realidad le señala y traiciona), y cuyo gesto meditativo lo sitúa del otro lado de la escena: en el Templo recóndito, aquel que, sin duda, conocía de primera mano nuestro boscoso pintor. Esa es la pieza a batir.



Desde el origen de los tiempos (del mismo Tiempo) la historia de la humanidad parece ser una historia macabra fruto tenaz de una tentadora distracción.Una distracción de la que, siempre que nos demos cuenta (tal es el pacto), podemos recuperarnos, retornando a lo que es verdaderamente esencial, volviéndonos hacia el interior, regresando al silencio primordial, al no lugar, allí donde lo Real se oculta y aparece Eterno, para que lo reconozcamos.

 
 
 
 

Los distractores profesionales no han descuidado la oportunidad de pervertir y contaminar este esfuerzo por disolver la cotidiana distracción que nos aleja de lo Real. Así, en nuestros agitados días, la "meditación" se ha pervertido en una práctica que se aleja de la Tradición, convertida y encarcelada en el campo semántico de la "autoayuda" y el “coaching pseudo-espiritual”.

Por doquier se insta al buscador a que renuncie a la posibilidad de toparse con algo sagrado trascendente, so pena de caer en la manipulación "religiosa", instándole a esforzarse -eso sí- por encontrar en vano, en su interior, una forma inmanente de lo sagrado que le resulte más gustosa y diseñada a la medida de su egoico capricho y vanidad: nirvana, éxtasis, conciencia cósmica, liberación...
 
 

 

Sabia maniobra satánica de pervertir la puerta de la meditación trastocándola en distracción, para que así el buscador se aburra y busque "nuevas distracciones" dentro y fuera de sí, pero ¡alejadas de la puerta! Nos vemos, como le ocurría al paralítico del estanque de Betsaida, esperando en vano el batir de alas del ángel para sanarnos: pero sin obtener resultados.
 



Se constata así el amargo descubrimiento de que -Extra Vera Eclessia nulla Salus est- también somos incapaces de apreciar el tejido mágico del emperador. Desesperados, contemplamos indignados como el Eterno desdeña una vez tras otra el esfuerzo de nuestra ofrenda sincera, mientras otros presumen del don de ser elegidos o iniciados. Un Dios así de injusto exige nuestro total escepticismo o, mejor aún, nuestra justa rebelión y venganza: Iustum Necar Reges Impios.
 



Parece que esto de distraerse no es nuevo. Aunque los antiguos no tenían los supremos medios tecnológicos que tenemos ahora, a ellos no les acuciaba el cambio climático, los extraterrestres, el fin del mundo o -peor aún- el temor a padecer los sinsabores de estar inmersos en una crisis eterna. Distracción, distracción, distracción. Entretenimiento. Atrofia...

 
 
 

Vera Ecclesia. Está en tus manos. No lo consientas. Todos los días. A penas veinte minutos. Medita y persevera. No te distraigas. Ese es el pacto. Ese es el pacto... Salus. Hygieia.
 
 
Hygieia.