“Saldremos a la viña, casi
al amanecer
y, si brotó ya la vid y floreció el granado,
tendrás entonces mis
amores.
La mandrágora exhala su
dulce cautivador aroma.
Bajo nuestro dintel, hermosa resplandece
la fruta joven y la madura que para ti,
amado mío, con tanto celo he guardado.”
la fruta joven y la madura que para ti,
amado mío, con tanto celo he guardado.”
(Shir Hashirim 7, 12-13)
“Al respirar, pon
atención.”
(Terence McKenna)
Todo sacramento, siempre y cuando
no albergue en sí el señuelo de la inerte impostura, ofrece, a quienes -osados- participan virginalmente de él,
una ampliación de conciencia tal que muestra límpido el cielo y hace resplandecer a
las diminutas estrellas como soles brutales. Esta ampliación de conciencia resulta tan vital y necesaria para la entera humanidad que
todas las culturas, sin excepción, conocen su cultivo, recolecta y meticulosa preparación.
Sin los sacramentos, cada ser humano permanecerá así disminuido, atrofiado, aborregado,
a merced de otros tóxicos subyugadores y, por ende, mucho más rentables al vigente
sistema de dominación, que termina pues manejando (administrando) todo aquello que, lejos de liberar, "engancha".
La sabia maniobra del siglo
quiere así destruir, a toda costa, el campo semántico del entheógeno, para que dichas sustancias, de
origen animal, vegetal y mineral, queden ahora reducidas únicamente al ámbito químico
y farmacológico de la mera alucinación recreacional, debidamente incentivado y promovido, eso sí, al encontrarse -por ley- fuera de ella. Perversa
confusión… perversa intoxicación. Perversa estrategia.
Nada como salir en pos del
trébole, arropado por los tuyos, allí donde la naturaleza aún se abre generosa
a cuantos hombres y mujeres perciben el poder y la sabiduría que se esconde
tras cada detalle aparentemente insignificante, para quienes, conocedores que
desaparecen en lo conocido, se aúnan en un impersonal conocer, en un proceso
interactuante sin dueño ni esclavo, llovizna suave y salutífera que tiernamente
hace posible -y prosperar- el oro de una vida vivida desde lo real: la atención.
¿Conseguí tu atención? Ya puedes seguir, entonces, dilapidándola a raudales en tu compulsivo y adictivo zapping preferido: ¿Qué será lo siguiente? ¿Qué será lo siguiente? ¿Qué será lo siguiente? Vivimos en el vértigo, el tiempo de la supercomputación cuántica. Un tiempo en el que todas las cosas, también tú, también yo, suceden (sucedemos) simultáneamente. Si aún no crees lo que te digo, tan sólo presta atención. (¡Y no te distraigas!)
¿Conseguí tu atención? Ya puedes seguir, entonces, dilapidándola a raudales en tu compulsivo y adictivo zapping preferido: ¿Qué será lo siguiente? ¿Qué será lo siguiente? ¿Qué será lo siguiente? Vivimos en el vértigo, el tiempo de la supercomputación cuántica. Un tiempo en el que todas las cosas, también tú, también yo, suceden (sucedemos) simultáneamente. Si aún no crees lo que te digo, tan sólo presta atención. (¡Y no te distraigas!)
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